Odebrecht Informa


Os últimos a partir


Texto: Thereza Martins | Versión: Norma Medina | Foto: Almir Bindilatti

Jupira y Bruno: apoyo al cierre de las actividades del astillero de Uíge

Así que una obra termina, se inician los preparativos para levantar campamento. Fue en este momento de transición, entre el fin de un proyecto y el inicio de las actividades necesarias para la retirada, que el fotógrafo Almir Bindilatti y yo llegamos al astillero de Odebrecht en Uíge, región noroeste de Angola. Más exactamente, a 22 km del centro de la ciudad.

Durante más de tres años, el astillero fue la vivienda de centenas de Integrantes brasileños y angoleños que trabajaron en la construcción y tendido de casi 600 km de líneas de transmisión de energía eléctrica en el interior del país. El lugar fue, también, el centro de las actividades administrativas y de gestión del proyecto. En mayo de 2009, pico de la obra, 2.200 personas trabajaban en diferentes funciones. Ni todos ellos vivieron en el astillero, porque muchos fueron contratados en la propia región y tenían residencia en las ciudades y villas cercanas.

Para quien no conoce, como era mi caso, los astilleros son un conjunto de galpones de madera y de contenedores adaptados para recibir dormitorios, salas de trabajo, comedores, cocina, enfermería, almacén, lavandería, servicios higiénicos y otras dependencias vitales para la obra. Cuando el proyecto llega al fin, es necesario proceder al inventario de los bienes adquiridos a lo largo del contrato y darles un destino. Entre los bienes, es decir, el patrimonio, hay una variedad enorme de ítems, desde mobiliario hasta equipos y materiales de la estructura del astillero. Además de ello, es necesario desmontar los galpones.

En el caso del contrato de las líneas de transmisión, Odebrecht fue líder de un consorcio del cual participaron también dos empresas españolas. En la fase de “levantar campamento”, los bienes inventariados son catalogados por lotes de igual valor y, por sorteo, devueltos a los socios que deciden lo que hacer con ellos: vender, donar o aprovecharlos en otras obras.

Gran parte de los Integrantes de la operación es desmovilizada. Cuando es posible, algunos de ellos son invitados a participar en nuevos proyectos, ya sea en el propio país o en otra parte del mundo, donde la Organización Odebrecht actúa. En este momento, diciembre de 2010, el astillero de Uíge ya está prácticamente vacío. Son pocos los que permanecieron para la etapa final.

Entre los últimos a salir están Jupiracira Pereira, Técnica de Patrimonio, y Bruno Vilas Boas, Responsable de Administración y Tecnología de la Información (TI), ambos brasileños de Salvador, Bahía. Jupira, como es conocida por los colegas, trabaja en Odebrecht desde 1979. El proyecto en Uíge fue el primero en que actuó fuera de Brasil. Ella fue a Angola en septiembre de 2008. Para Bruno, este es el primer contrato en Odebrecht. Está en Angola hace dos años y medio.

En la fase de cierre del astillero, cuando casi todos los colegas ya habían partido, Jupira y Bruno aún permanecían allí para dar apoyo a las actividades finales. Cuando conversamos, ambos hacían planes para pasar la Navidad con la familia, en Brasil.

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