Capital Simpatía

17 de mayo 2011
Bogotá, capital de la todavía poco conocida Colombia (por lo menos en Brasil), es una ciudad sorprendente. Supera (y ¡cómo!) las expectativas de los viajantes. Aun cuando había escuchado los más diversos elogios de pocos amigos que ya conocían Colombia, no estaba tan seguro de lo que iría encontrar en mi viaje. Imaginaba algo como una desordenada ciudad latinoamericana, con una fuerte cultura. Sin embargo, el punto de interrogación persistía y sólo alimentaba la curiosidad. No fueron necesarios más que 20 minutos (el camino del aeropuerto hasta el hotel) para entregarme a la capital colombiana. Del taxi, vi una ciudad ordenada desde los alrededores del aeropuerto, región que generalmente no es digna de muchos elogios en las grandes capitales. Cada cuadra recorrida, la metrópolis impresiona con sus sectores modernos, otros sectores bien tradicionales y otros elegantes. Todo limpio, rodeado de árboles y dejando una sensación de seguridad.
Si hiciera una pregunta rápida a aquellos que no conocen Colombia, la evaluación probablemente sería negativa. Dirían que la ciudad es peligrosa en razón del tráfico de drogas y caótica como algunas grandes ciudades latinoamericanas. Pues Bogotá es un ejemplo entre las capitales de nuestro continente. Es exactamente lo opuesto. Colombia crece a pasos largos. Para contribuir a este contexto, Odebrecht (a través de Odebrecht América Latina y Angola) regresó en 2009 al país, donde está construyendo el mayor tramo de la Ruta del Sol, carretera que cortará Colombia de norte a sur.
La arquitectura de Bogotá es un destaque aparte. Las casas y edificios bajos, de pequeños ladrillos, con aquel color característico medio anaranjado, sólo ayudan a crear el clima sofisticado, especialmente en zonas como el Parque de la 93 y la Zona Rosa. La temperatura – casi todo el año entre los 13 y 18 grados – es la ideal para quien le gusta de un leve frío. Los varios parques distribuidos por la ciudad son bien cuidados y frecuentados. Caminar es una opción indicadísima. Inclusive por la noche (por lo menos en la región más turística) andar por la calle no es peligroso. La sensación es de acogida por el orgulloso pueblo colombiano.


Por cierto, la educación y simpatía de los bogotanos es otro destaque. Todos son muy atentos y casi lo llevan a uno del brazo para ayudar. Les gusta salir de noche, frecuentar bares y valoran mucho la cultura. Parecen hacer un esfuerzo conjunto para continuar cambiando la imagen del país. Y están haciendo esto a los pocos, pero con consistencia, preparándose bien para recibir a los visitantes. Si Bogotá ya es un destino interesantísimo, en conjunto con otras localidades, como Cartagena y San Andrés, se puede transformar en un viaje inolvidable.
Si a usted le gusta comer bien, la capital colombiana es también una excelente opción. Pensando en la América del Sur, no llega al nivel de la incomparable ciudad de Lima, pero hasta en eso están consiguiendo superarse. La cantidad de restaurantes peruanos – incluso Astrid y Gastón y La Mar, ambos del súper chef Gastón Acurio – sorprende. Pero claro que hay destacados restaurantes típicos, además de los internacionales de calidad superior. Y lo mejor: con óptimos precios. Para una comida del mismo nivel de los principales restaurantes de São Paulo, se paga la mitad. Sólo no es más barato que el taxi. Para cruzar Bogotá de punta a punta, basta desembolsar entre R$ 15 y 20. No es raro pagarse entre R$ 5 y 8. Una bagatela. Pues entonces, si usted quiere hacer un viaje dentro del continente, quiere gastar poco y recibir mucho de vuelta, puede optar por Bogotá sin miedo. Los paseos son muchos y la diversión garantizada. ¡Seguro que sí!
