Odebrecht Informa


Los aspectos y colores de una historia

Embarcaciones típicas de la región

Ribereños usan un barco a motor para el traslado cotidiano

Las niñas Ingrydh (a la izquierda) y Nicoly, candidatas a Reina de la Fiesta

Antônio Moisés, administrador de la iglesia Santo Antônio

Neuraci, productora de harina: tradiciones preservadas

La iglesia de Santo Antônio

Una casa típica de la región: imágenes de un Brasil real y encantador

texto João Marcondes foto Ricardo de Sagebin

En la región de la Usina de Santo Antonio, en Rondônia, las aguas del Río Madeira llevan expectativas de desarrollo y recordaciones de tradiciones que se vuelven eternas

Rondônia, antes de ser Rondônia. Década del 70. Un joven, hijo de extractor de caucho, huye de la falta de perspectiva en el estado de Acre, pero se establece en tierras también salvajes. Monte cerrado, escorpiones, malaria. Él y sus hermanos son acometidos por la enfermedad. Cuando se recuperan, “pasean” por primera vez. Tomaron el tren en la estación Madeira Mamoré, en Porto Velho, y desembarcaron cerca de la Iglesia de Santo Antônio, en la comunidad vecina, del mismo nombre. La vista es un río caudaloso, verdadero mar de agua dulce. “Al ver aquello me emocioné. ¡Era la visión del infinito!”

El niño Moisés dominó poco a poco el infinito Río Madeira. Jugaba por aquellos parajes. Había un buque naufragado. Se zambullía en las oscuras aguas del rio, buscando tesoros en el barco: porcelana inglesa, muebles antiguos, cosas olvidadas por todos. No por él, que buscaba siempre trofeos imaginarios.

Al cruzar el rio a nado, llegaba a la cárcel desactivada de la isla. Antigua casa de horrores, torturas y fantasmas: local ideal para un niño curioso. Le gustaba leer las frases escritas en las paredes por los presidiarios que vivían antes allí: “Este es un lugar donde los hijos lloran y las madres no ven”. “Los hombres cuando entran aquí desaparecen de la civilización”. Sabiduría de los presos.

Esos recuerdos se convirtieron en pura nostalgia: la isla, donde antes existía la cárcel, está siendo ocupada por parte de la Usina Hidroeléctrica Santo Antônio, construida por Santo Antônio Energia, empresa formada por Odebrecht, Furnas, Andrade Gutierrez, Banif, Cemig y FI-FGTS. La usina tendrá capacidad para producir 3.150 MW, suficientes para abastecer a 40 millones de personas. Se prevé que empiece a operar en diciembre del 2011.

El niño se transformó en Antônio Moisés Cavalcanti, 50 años. Carpintero de oficio, y hace años es responsable de la Iglesia de Santo Antônio. La construcción de la usina, que ocupó algunos espacios en la memoria afectiva de los habitantes locales, (como el presidio), ocurrió simultáneamente a un minucioso trabajo de preservación. Los monumentos históricos se destacaron al lado de la obra. La procesión de San Pedro, realizada por la colonia de pescadores desde los años ‘30, cuenta con apoyo logístico de Santo Antônio.

El “puerto” por donde desembarcaba la imagen del santo fue tomado por la usina, pero se construirá otro acceso.

“Algunos cambios son necesarios, pero no podemos ignorar los beneficios económicos de una usina que genera energía limpia”, comenta Antonio Moisés que, con la obra, fue ascendido al cargo de administrador de la Iglesita.

 

Nuevo ciclo de desarrollo

La construcción de la hidroeléctrica representa un segundo ciclo de desarrollo económico en la región. El primero tuvo lugar hace 100 años, con la construcción de la carretera Madeira-Mamoré por una compañía inglesa. El objetivo: encaminar la producción nacional de caucho. Verdadero marco histórico y cultural, no solo en Rondônia (territorio transformado en estado en 1982), sino, también, en Brasil. La antigua estación de ferrocarril estaba en ruinas hasta que se instaló la empresa Santo Antônio Energia, responsable de la reforma.

Sin embargo, al contrario de la “Mad Maria” (como era conocida la carretera en la época), actualmente, la obra persigue los más elevados patrones de sostenibilidad. Porto Velho y la región viven una escalada de prosperidad. Entre el 2003 y el 2007, la ciudad disponía de 1.800 plazas de empleo. El número saltó para 20 mil, después que se empezó a construir la usina.

Aprovechar las oportunidades sin despreciar la cultura. Es el caso de las más famosa productora de harina de la región, Neuraci Monteiro do Nascimento, 52 años, Doña Neura. Ella vivía a orillas del río, con los seis hijos. Con la hidroeléctrica, se fue a vivir en uno de los asentamientos construidos por Odebrecht, el Riacho Azul. Su vida mejoró mucho, con una vivienda nueva, al lado de una estación de tratamiento de agua.

“Mí alegría es estar cerca de mi familia y ejercer mi profesión, que es la fabricación de harina”. Ella es la más famosa productora de harina de la región. El padre, ya fallecido, José de Oliveira, era conocido por muchos como el mayor “hacedor de harina”. Ella se divierte y repasa el secreto (pide que no se comente) de su harina: la mandioca se procesa en el mismo día de la cosecha y la sequía es un largo y paciente procedimiento.

La tradición va a seguir, pero la nueva generación tendrá que elegir, al contrario que Neuraci. Los ojos del sobrino Raildo de Oliveira, 17 años, brillan con el movimiento alrededor de la usina. Cerca de donde viven, pasan continuamente coches rescatando la fauna de un área que será inundada. “Mi sueño es ser veterinario, y poder ganar algo más de dinero”.

En una obra de esa magnitud, donde trabajan cerca de 18 mil profesionales, que influye directamente en la vida de más de 4 mil familias, algunas personas se sobresalen por su actuación en la comunidad. Una de ellas es Flávio Luiz Gonçalves dos Santos, 62 años, y una vida para contar. “Si escribiera un libro se llamaría Mi currículo”.

Flavio es uno de los analistas socio ambientales de Santo Antônio Energia. Trabaja directamente con las comunidades, es el vínculo entre la obra y el ser humano. Hijo de un carnicero y de un ama de casa “semianalfabeta”, logró graduarse en Relaciones Internacionales. Su labor empezó muy temprano, a los 7 años distribuyendo viandas a los trabajadores. Después de eso realizó los más variados trabajos: limpiador de máquinas de coser, apuntador de juegos de azar (a los 10 años), organizador de biblioteca, cajero de banco, vendedor de madera y profesor de historia y geografía, entre varias otras actividades.

Por donde pasa, en Porto Velho y alrededores, Flavio es recibido con besos y abrazos. Escucha y entiende los problemas de la comunidad. Es una especie de un oidor. Él ya ganó diversas “causas” a favor de la comunidad. Esa es la misión que recibió en Santo Antônio Energia, además de organizar cursos de capacitación, como licencia para conducir pequeñas embarcaciones a motor que trasladan personas de un margen al otro del Río Madeira.

“Algunos compañeros hasta sienten celos por el cariño y respeto que me tienen las personas de aquí”, dice. Fue Flávio, por ejemplo, quien logró que el precario puesto de salud de la comunidad ribereña de Cujubin Grande, a 50 kilómetros de Porto Velho, fuese totalmente reformado. Él es invitado de honor del Festejo de la Patrona Inmaculada Conceição de Maria, en agosto. Mezcla de fiesta cristiana y pagana, presenta una variedad de eventos capaz de agradar a todos los gustos: novenas, bingo, forró, subasta de pollo asado, danza del vientre.

La gran expectativa gira alrededor de la elección de la Reina de la Fiesta. Las dos candidatas tienen nombres de princesas: Ingrydy Nunes Nascimento, de 11 años, y Nicoly Yolanda Almeida, de 17. La primera quiere ser pedagoga, pues “le encanta estudiar” y la segunda desea estudiar ingeniería forestal, pues “le encanta el Río Madeira”. “Tengo ganas de vencer, pues perdí por muy poco el año pasado”, dice Nicoly, mirando hacia Ingrydh, que cierra la conversación con una sonrisa traviesa.

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