|
|
|

|
Tecnología e innovación
que agregan valor
|
En el Polo de Triunfo, un equipo de 150 profesionales
asegura a Braskem avances en Investigación y Desarrollo
|
|
|
César Faccioli ◦ texto
Roberto Rosa ◦ fotos
|
Una especie de escuadrón de elite a servicio de la ciencia de los plásticos se mantiene en guardia en el Centro de Tecnología e Innovación Braskem, en el Polo Petroquímico de Triunfo (RS), con la misión de rastrear, por más discretos que sean, los movimientos que indiquen nuevas tendencias en la utilización del plástico en todo el mundo. Bautizado como Grupo de Estudios de la Ciencia de los Polímeros, ese equipo, compuesto por diez investigadores, mezcla competencia, experiencia y juventud en dosis seguras y ha dado a Braskem una gran contribución para la creación de valor.
Cada real aplicado en Investigación y Desarrollo trae para la empresa un retorno seis veces más elevado. Expresado de otra forma, significa que los lanzamientos de productos en los nueve primeros meses del 2004 representaron un ingreso neto adicional de U$ 50 millones, según Luís Fernando Cassinelli, Responsable del Centro de Tecnología e Innovación Braskem. En total, hay 83 proyectos en curso, de los cuales 63 en proceso adelantado de maduración, a pocos pasos de llegar al mercado. Lo que elevaría el ingreso neto adicional a, como mínimo, US$ 160 millones en tres años. Las patentes, registros para protección de derechos de explotación comercial retenidos o depositados por la empresa, suman 105 y deben llegar a 120 antes de fin de año. Actualmente, Braskem es una de las cinco mayores compañías nacionales con patentes en depósito.
Hay en Braskem una clara visión de la importancia del desarrollo tecnológico para el aumento de la competitividad de la industria petroquímica y del plástico, por lo cual la innovación es uno de los focos estratégicos de la empresa. Para que las inversiones sean más efectivas en esa área, luego después de su creación, la mayoría de los activos destinados a la investigación y al desarrollo, evaluados en más de R$ 300 millones, se concentró en el Centro de Tecnología e Innovación. La iniciativa dio origen al núcleo moderno y completo de investigación de la industria petroquímica de América latina, con once laboratorios de diferentes especializaciones que ocupan una superficie de 3 mil metros2.
Cerca de 150 profesionales, entre científicos, investigadores y personal técnico, actúan en el desarrollo de productos y de aplicaciones que atiendan a las necesidades de los clientes, en apoyo al soporte técnico prestado por la empresa. En la vanguardia de ese esfuerzo está el Grupo de Estudios de la Ciencia de Polímeros, creado en el 2003, que imprime una visión de futuro a los proyectos volcados en las necesidades más inmediatas de los clientes. Un desafío que ilustra bien ese trabajo es la búsqueda de un tipo de plástico capaz de recibir pintura de alto desempeño. Con ello, se abre el camino para la sustitución del acero en productos como lavadoras, en proporción bastante mayor que la actual.
Con una mayoría de maestros o doctores entre los investigadores, el equipo del Centro de Tecnología e Innovación Braskem no puede dispensar la actualización permanente. El proceso envuelve diálogo con clientes, universidades y centros de investigación, en Brasil y en el exterior. El esfuerzo se extiende al seguimiento de congresos especializados y a la literatura científica. En setiembre, la doctora Suzana Liebermann, que forma parte del “escuadrón de élite”, presentó trabajos en el Simposio Internacional de Caracterización en Polímeros, en Alemania, y en un encuentro en los Estados Unidos.
Los integrantes de ese grupo presentan disertaciones conectadas al trabajo en Braskem, en clases de graduación o de postgrado. Un buen indicador de esa renovación permanente es el interés por los trabajos académicos desarrollados por investigadores del Centro, aceptados frecuentemente por publicaciones especializadas de peso, como el Journal of Applied Polymer Science. También llegan con cierta regularidad pedidos para que ellos, a ejemplo de lo que ya ocurrió con la propia Suzana y su compañera Adriane Simanchi, revisen textos de investigadores extranjeros antes de ser publicados por revistas especializadas, procedimiento habitual solo para quienes hayan publicado estudios.
Recién integrado al Grupo de Ciencia de Polímeros, 26 años, consta en el currículo de Fábio Mota un postgrado en Canadá, uno de los principales centros en desarrollo de resinas plásticas del mundo. Mota es especialista en uso de rayos infrarrojos y resonancia magnético-nuclear en la investigación de polímeros. Su familiaridad natural con el ambiente académico lo ha convertido en el responsable de coordinar la aproximación a la Universidad Luterana de Brasil, Ultra, más conocida fuera de Río Grande del Sur por la excelencia de los equipos de fútbol de salón y baloncesto que montó.
Como en los colleges norteamericanos, competencia esportiva rima con tecnología de punta. Con sede en Canoas, en el Gran Porto Alegre, Ulbra instaló en el campus un moderno laboratorio de catálisis, con recursos de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep), que aportó R$ 7 millones, y Braskem, R$ 3 millones. El equipamiento analiza el desempeño y realiza experiencias con catalizadores, sustancias que deflagran y direccionan las reacciones químicas, proceso central en el caso de los polímeros, en que la extensión de las cadenas de carbono en la estructura molecular determina propiedades de uso, como tenacidad, elasticidad y resistencia de cada compuesto.
El encaminamiento para productos y procesos, la llamada investigación aplicada, todavía es menor en Brasil que en economías más desarrolladas. Convenios con empresas facilitan la reducción de esa distancia y propician logros mutuos. En este caso concreto, el acuerdo permite a Ulbra el acceso a equipamientos de última generación, que la institución, aisladamente, difícilmente tendría condiciones de mantener. Para Braskem, la sociedad refuerza los lazos con el medio académico, fuente importante de oxigenación de las ideas, a la vez que optimiza en esta área la relación costo/beneficio de la investigación.
Convenios semejantes, abarcativos, son mantenidos con el Instituto de Macromoléculas de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), el Centro Federal de Educación Tecnológica de Río Grande del Sur, el Instituto de Investigación de Energía Nuclear, el Cientec-BA y las universidades federales de Bahía (UFBa) y de Paraíba (UFPB). La búsqueda de contactos más formales se extiende a centros de investigación universitaria en los EEUU, Italia y España.
El empeño en la constante actualización se refleja no solo en la rutina de los investigadores, sino en inversiones en Investigaciones y Desarrollo que, en el caso de Braskem, son de R$ 40 millones al año, bastante superiores al promedio del sector en Brasil. Se suma a eso la propagación de un concepto de innovación por toda la empresa, en cierta medida único en la petroquímica brasileña, ya que Petrobras, aunque muy actuante en esa área, no direcciona sus investigaciones hacia el segmento de resinas poliméricas. Ese conjunto singular se traduce en lanzamientos frecuentes, reflejando nuevas aplicaciones y necesidades de los clientes.
El apoyo del centro de Tecnología e Innovación a los clientes de Braskem ha asegurado la implementación de un amplio programa de sustitución de materias primas tradicionales por resinas termoplásticas. Es el caso del primer polietileno base metaloceno producido en Brasil, el Braskem Flexus. La tecnología empleada permite producir envases más resistentes al impacto y a la perforación, con mayor brillo y transparencia, entre otras características.
Fabricado en el Polo Petroquímico de Camaçarí (BA), con licencia de la empresa norteamericana Univation, el polietileno linear base metaloceno está siendo comercializado desde el primer trimestre de este año. El centro actúa, en esos casos, para permitir a los clientes testes de las resinas sin interrumpir sus unidades de producción. Antes de fin de año, se estima que las ventas del producto lleguen a US$ 30 mi-llones, incluyéndose las primeras exportaciones brasileñas de esta familia. El potencial de mercado de esa resina será de cerca de US$ 100 millones por año antes del 2006. Hasta el lanzamiento del Braskem Flexus, la demanda por polietileno con tecnología metaloceno en el país era atendida exclusivamente por importaciones.
De la misma forma, con el apoyo del Centro, la empresa desarro-lló un sellante para filmes de polipropileno biorientado (BOPP), lanzado en el 2004 con la marca Braskem Symbios, que también contribuye para mejorar la balanza comercial brasileña en la medida en que posibilita la sustitución de importaciones. Con una demanda potencial estimada en 20 mil ton o US$ 25 millones por año, ese tipo de filme es muy utilizado en envases de alimentos, como galletitas, copas, chocolates, helados, además de cajas de cigarrillos y etiquetas de botellas de refrigerantes. Para el consumidor final, la novedad trae más confiabilidad, pues la utilización de un se-llante de calidad en envases flexibles ofrece un sistema de cierre más eficiente.
El empeño del Centro en el desarrollo de nuevas aplicaciones de polipropileno se ha revelado un medio importante para Braskem, sus clientes y, en última análisis, para el consumidor final. Gracias al mismo, por ejemplo, Brasilit, empresa del grupo Saint Gobain, se convirtió en la primera empresa del mundo en utilizar el polipropileno para sustituir al amianto y el PVA en la fabricación de tejas, placas de revestimiento y depósitos de agua.
La novedad es fruto del trabajo conjunto de las dos empresas desde 1999. A partir de una solicitud de Saint Gobain, Braskem desarrolló una resina plástica que puede ser transformada en hilos de altísima tenacidad – una tecnología inédita en el mercado brasileño. El mercado potencial de polipropileno para ese tipo de aplicación en Brasil varía de 20 mil a 25 mil toneladas del producto por año. La resina tiene propiedades diferenciadas que garantizan alto desempeño, gracias a su maleabilidad y resistencia a la humedad.
En otra línea de investigación con polipropileno conducida por el Centro, Braskem identificó, al utilizar esa resina, una oportunidad de mercado como sustituto del poliestireno en vasos descartables. En sociedad con un cliente, Zanatta, desarrolló una solución completa para ese fin, basada en el termoformaje (moldaje plástico en caliente), que incluye un tipo de polipropileno más cristalino y con mayor rigidez, la tecnología de producción y una nueva maquinaria, fabricada con exclusividad para Braskem.
Además de señalar un nuevo nivel en la relación con sus clientes, la iniciativa ofrece a la empresa exclusividad en el suministro de polipropileno por un período establecido en el contrato -las 28 máquinas previstas en la etapa inicial del proyecto, que va hasta mediados del 2005, ya están comprometidas para Zanatta y otros dos fabricantes de descartables. El precio de ese equipamiento, cedido a los clientes en régimen de comodato, corresponde a cerca de un tercio del costo para importar un similar producido en Europa o en los Estados Unidos, que puede llegar a US$ 1,3 millón. Tanto el proceso como la maquinaria son patentados.
El ritmo de las innovaciones en Braskem debe seguir intenso, si se juzga por las obras para instalación de una nueva planta piloto en Triunfo – la sexta adquirida por la empresa, completando una inversión total de cerca de R$ 120 millones. Las plantas piloto, además de anticipar cambios en el proceso productivo de las fábricas, permiten ampliar la escala de test de las resinas solicitadas por los clientes a un nivel superior al de los laboratorios, del orden de dos toneladas/día. Esfuerzo sintonizado con la meta de encarar la innovación como una fuente permanente de valor para los accionistas y logro de productividad para clientes industriales y consumidores finales del plástico.
|