Edición Histórica - Noviembre del 2004
 Publicación interna de la Organización Odebrecht – Odebrecht S.A, Construtora Norberto Odebrecht, Braskem y Fundação Odebrecht
Editorial
La Historia Esencial
Inmigración Germánica
Emílio Odebrecht, el Pionero
Norberto Odebrecht,
el Fundador
Desarrollo Regional y
Nuevas Oportunidades
La Empresa Nacional
Diversificación y
Crecimiento Internacional
La Organización Internacional
Liderazgo en la Petroquímica Latinoamericana
Acción Social y
Acción Cultural
Testimonios
Línea del Tiempo
Staff
 
  

La Historia Esencial
En un texto redactado especialmente para esta edición de
Odebrecht Informa, el fundador Norberto Odebrecht destaca
la formación de una sociedad de confianza, desde los
primeros años de Odebrecht, y muestra el papel decisivo de
la formación de líderes para el futuro de la Organización

Los orígenes de la Organización Odebrecht se remontan al siglo XIX, cuando inmigrantes alemanes -entre los cuales mi bisabuelo Emil Odebrecht- arribaron al sur de Brasil. Traían valores éticos fundados en una formación religiosa del credo luterano y un fuerte espíritu emprendedor, que lograron trasmitir a sus descendientes.

Mi padre, Emílio Odebrecht, desarrolló una carrera de constructor en el Noreste brasileño, en los años veinte y treinta. Una de sus pasiones era la educación de personas y formó, en su trabajo, a diversos maestros de obras.

En casa, bajo el liderazgo de mi madre, Hertha Odebrecht, vivíamos en un ambiente familiar educativo, religioso y de intimidad. Desde temprana edad, con disciplina y educación, mis hermanas y yo fuimos preparados para la vida y el trabajo. Las enseñanzas siempre se destinaban a la búsqueda de la Verdad, y de lo que era correcto y mejor para todos.

Los principios recibidos en la educación familiar se solidificaron en las escuelas y en el aprendizaje en los talleres de la empresa de mi padre. A lo largo de la vida, me di cuenta, y todavía me doy, con nitidez, del valor de la disciplina como fuente generadora del respeto, la confianza, la lealtad y la amistad.

En 1944, cuando tuve que fundar una empresa individual de construcción, recibí de mi padre el activo más importante con que una empresa pueda contar: personas educadas para servir. Los maestros de obras y sus respectivos equipos, que se dispusieron a integrar la pequeña empresa que estaba naciendo, habían sido capacitados para dirigir sitios de obras, con autonomía y determinación. Eran hombres sencillos, confiables, merecedores de crédito, totalmente comprometidos con la empresa y el Cliente. Muchos de ellos eran analfabetos, pero todos consideraban el honor profesional como un valor primordial.

Yo acompañaba el trabajo, influía en ellos, y recibía su influencia, aprendía. Presente en la obra, podía conocer de cerca sus intereses y las necesidades del Cliente. Aprendí que esa era la verdadera escuela de la vida, la que hace acontecer y que el Cliente necesita; por lo tanto, yo debía estar cerca de los maestros, para poder evaluar y juzgar sus fuerzas y debilidades; y para que ellos pudiesen juzgar y evaluar si yo les servía como Líder eficaz. Sobre todo, era allí, en el sitio de obras, que se encontraba el camino para la comunicación con el Cliente.

La disciplina en el trabajo con los maestros y sus equipos fue generando respeto entre nosotros; el respeto consolidó la confianza, y cuando eso sucede, sucede todo lo demás. La existencia de un ambiente de confianza permitió el desarrollo del trabajo en equipo, la flexibilidad y la agilidad en los procedimientos, el logro de sinergias y el aumento de la motivación. Todo eso se destinaba a elevar la productividad de nuestras obras, obteniendo resultados de máxima calidad y menores plazos y costos para cada uno de nuestros Clientes.

Esa es nuestra historia esencial, la historia de una sociedad de confianza, que nació allí, en los años cuarenta y que a lo largo de sesenta años se fue ampliando hacia otros estados brasileños, otros países y otros negocios.

La existencia de esa sociedad de confianza, integrada por personas con espíritu de servir, nos dio credibilidad con los clientes, proveedores, banqueros y aseguradoras. Fue lo que nos permitió fundamentar los conceptos esenciales de la Tecnología Empresarial Odebrecht, que constituyen hasta hoy la base de nuestra actuación:

• la descentralización
• la delegación planeada
• la sociedad
• la partición de resultados.

Con esos principios, se formó y asumió los negocios de la Organización, en los años ochenta y noventa, una nueva generación de empresarios. Una tercera generación de empresarios está madurando en el ejercicio pleno de liderar equipos y negocios. Y una cuarta generación empieza a ser preparada. El futuro es nuestro desafío permanente. La historia, fuente siempre disponible de aprendizajes, guía nuestra disposición para enfrentar el futuro con seguridad.

Nuestro mayor desafío es identificar y formar Líderes Auténticos, pues solo ellos podrán dar continuidad a nuestra historia esencial, a nuestra sociedad de confianza

Y nos enseña la historia, entre tantas lecciones, que:

• la base de todo es la existencia de una sociedad de confianza, formada por la práctica de la disciplina y del respeto;
• nuestro patrimonio mayor es intangible, y curiosamente no consta en los balances: son personas educadas para el ejercicio de servir – y servir con alegría, no con sacrificio;
• lo que define nuestro negocio es la existencia del Cliente claramente identificado, cuyos deseos y sueños deben ser satisfechos con madurez, siempre orientados por nuestras concepciones filosóficas y por la búsqueda de resultados diferenciados, con miras a mantener con ese Cliente una relación de fidelidad y, por lo tanto, de largo plazo.

Con respecto al futuro, el mismo será función directa de nuestra capacidad de formar Líderes Auténticos –el patrimonio más extraordinario y más codiciado por cualquier organización.

El Líder Auténtico es un Ser Humano diferenciado, con el cual el Liderado trata de aprender. El Líder Auténtico trabaja en equipo y lo convierte en un conjunto competente y equilibrado. Es un excelente comunicador, un educador nato. Le gustan las personas y los relacionamientos productivos. Conduce a sus liderados a pensar grande, con foco en el Cliente y en sus necesidades. Se pasea por los sitios de obras y por la fábrica y desde allí evalúa y juzga a sus Liderados, apoyándolos, educándolos y trasmitiéndoles optimismo, coraje y entusiasmo. Los envuelve para que superen los resultados acordados, para que logren hacer las cosas diferentes y diferenciarse. El Auténtico Líder absorbe y practica la cultura de la Organización y la transfiere a los Liderados por medio de un lenguaje único. Olvida la competencia y busca la cooperación. Es receptivo y abierto, pero exige disciplina, que genera el respeto y consolida la confianza.

Nuestro mayor desafío es identificar y formar Líderes Auténticos, pues solo ellos podrán dar proseguimiento a nuestra historia esencial, a nuestra sociedad de confianza, en el rumbo de la Supervivencia, el Crecimiento y la Perpetuación.


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