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Desarrollo Regional y
Nuevas Oportunidades
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Con la creación de Petrobras, en 1953, y de Sudene,
en 1959, se abrieron caminos para el crecimiento
de Odebrecht en Bahía y en el Noreste
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Después que Saici fue desactivada, la Constructora Norberto Odebrecht empezó a vivir un momento decisivo. La empresa se adjudicó nuevas obras, algunas de ellas sumamente complejas. Solo que, para asegurar su supervivencia inmediata, era obligada a mantener un gran número de pequeñas obras en cartera. Las constructoras del sureste del país trabajaban de manera distinta. Ejecutaban pocas obras de gran porte, lo que les permitía adoptar la descentralización. Odebrecht, al contrario, prefirió perfeccionar la práctica de la descentralización, de la delegación planeada y de la sociedad y partición de resultados, conceptos que se consolidarían a lo largo de la historia de la empresa.
Desde los primeros tiempos, el Ser Humano siempre fue el centro de toda la filosofía. La posibilidad de recibir por servicios extraordinarios, algo excepcional en la ciudad de Salvador en aquellos tiempos, pero rutinario en la empresa Norberto Odebrecht, era un estímulo más para los trabajadores. Ellos iban a locales distantes y se les daban garantías a las familias que permanecían en sus casas. Todos viajaban tranquilos, con la certeza de que la esposa y los hijos estaban protegidos. Norberto se empeñaba en el tratamiento de la vida personal de sus colaboradores. “Deje que yo me ocupo”, decía, porque sabía que nadie es capaz de producir bien cuando está bajo presión debido a problemas familiares. “Ocúpese de nuestro negocio que de sus problemas me encargo yo”, completaba.
Los trabajadores con más experiencia pasaron a contar con la compañía de un grupo de jóvenes de talento y disposición para aprender a desarro-llarse. Algunos de ellos, como Benedito Luz, Enrique Browne Ribeiro, Nilo Simões Pedreira, Piero Marianetti, Roberto Campos y Walter Caymmi Gomes, ocuparían, años después, un papel decisivo en el crecimiento de la empresa. Contaban con el apoyo de Emílio Odebrecht, padre de Norberto, que había vuelto a la empresa como calculista y trasmitía a los jóvenes su gran experiencia empresarial.
Y los negocios iban apareciendo. Entre 1953 y 1954, se destacaron el depósito de cacao de hormigón armado para F. Stevenson & Co., en Itabuna; la ampliación de la fábrica de la Cia. de Cigarrillos Souza Cruz; el puente-represa del río Joanes, de 132 metros de largo y 19 metros de altura, en Salvador; y el puerto de Canavieiras, un muelle de 400 metros de largo.
En esa época, Norberto Odebrecht conquistó un nuevo cliente, Petrobras, fundada en octubre de 1953. El germen de la nueva empresa venía de mucho antes. El “oro negro” había sido descubierto por Oscar Cordeiro, presidente de la Bolsa de Mercaderías de Bahía, y por el agrónomo Manuel Inácio Barros, en 1931, en Lobato, suburbio de Salvador. Ellos concluyeron que el barro negro que los habitantes del lugar utilizaban como fluido para iluminación era petróleo.
“¡Petróleo de verdad!”, con punto de exclamación y todo, fueron los titulares del diario Estado da Bahía, del 23 de enero de 1939. El reportero viajó a Lobato y vio, al lado de la sonda, “un líquido negro que flotaba en un charco de lluvia”. Dos días antes, un sábado, Cordeiro había estado allí para pasar por la “sensación más agradable de su vida”, según expresó. Los trabajadores habían terminado la jornada con la sonda del pozo número 163 que llegaba a 214 metros de profundidad. Cordeiro vio el petróleo que brotaba por la boca del pozo y corría por el suelo, hacia la vía del ferrocarril”. Fue desmentida, definitivamente, la leyenda de que en Brasil no había petróleo.
Desde el primer momento Norberto Odebrecht se conectó a la futura empresa más grande de Brasil. Inicialmente, construyendo las instalaciones de apoyo para los equipos en el municipio de Candeias. Después, estaciones de tratamiento de agua, plataformas marítimas, puentes, canales, represas, depósitos, casas de máquina, dragados, laboratorios, residencias, clubes, talleres y carreteras, entre otros, por todo el país. Algunos de esos proyectos eran desafíos para la ingeniería de construcción, que exigían técnica, creatividad y larga experiencia. La relación entre Odebrecht y Petrobras se consolidaría a lo largo de cinco décadas y generaría resultados decisivos para la incipiente industria brasileña de petróleo.
Empezó con un problema a ser resuelto. Fue en 1953 cuando la Norberto Odebrecht participaba de la construcción del oleoducto Catú-Candeias, que transportaba para la Refinería de Mataripe el crudo extraído del nuevo campo de Catú. Ampliada por la producción de nuevos pozos, Mataripe pasó a refinar cerca de cinco mil barriles por día. A partir de 1957, entretanto, tuvo que ser ampliada para multiplicar su capacidad por diez. El problema era el suelo arcilloso, que se transforma en manglares y barro, dificultando el tráfico del personal, autos y equipamientos. Se construyó entonces un muelle de 120 metros, en pleno manglar, cuya capa de ba-rro llegaba a nueve metros de espesor.
Si extraer petróleo en tierra firme era difícil, en el mar sería mucho más. Con pocos recursos financieros y tecnológicos, pero con una cantidad de hombres de fibra, la constructora se volvió pionera en ese tipo de trabajo. Solo había martinetes instalados en las embarcaciones flotantes e improvisadas, que los trabajadores manejaban con maestría. “En noches de tempestad”, recuerda Norberto, “solían perderse y las linternas de keroseno eran el único medio de señalización entre ellos y las plataformas”, lo que exigía más que nunca el trabajo creativo. Uno de los ejemplos notables fue la utilización de grandes tanques de hierro soldados unos a otros que funcionaban como flotadores para apoyar la instalación de las plataformas marítimas en el campo de D. João, entre 1958 y 1961. Esas plataformas eran construidas de hormigón armado y los últimos diez metros de las estacas eran de acero, con revestimiento de hormigón.
La construcción de Petrobras representó un salto sin precedentes en el mercado de construcción industrial de Bahía
Los casi 50 años de trayectoria conjunta Odebrecht-Petrobras incluyen, en total, construcción y montaje de refinerías y plataformas, carreteras, edificios, puertos y perforación de 140 pozos en el mar. Petrobras contaba con asesoramiento de empresas y proyectistas de nivel internacional, y los modernos procesos técnicos y gerenciales fueron de suma importancia para el perfeccionamiento de ambas empresas. Entre 1962 y 1965, Odebrecht construyó la primera planta de caucho sintético brasileño, la Compañía Pernambucana de Borracha Sintética (Coperbo), subsidiaria de Petrobras, también se implantaron las fábricas de gasolina natural en Catú, Mataripe y Madre de Deus, en Bahía.
El símbolo más visible de la unión entre las dos empresas surgió en el paisaje carioca en 1969. El edificio sede de Petrobras, de 120 mil m2 de área construida, 27 pisos y 117 metros de altura, se irguió en tiempo récord, 36 meses. En esa época era la mayor estructura monolítica de América latina. Esa obra aseguró también a Norberto Odebrecht la construcción de un garaje subterráneo de 28 mil m2, para 1.200 automóviles, además de la Plaza Pública, estación de tranvías de Santa Teresa, viaductos de acceso y la urbanización de la explanada de Santo Antonio.
Las dos empresas iniciaron sus relaciones a lo largo de un momento muy especial de la historia de Brasil. Después del dramático desenlace de la era Vargas, en agosto de 1954, cuando el Presidente de la República se suicidó con un tiro “para dejar serenamente la vida y entrar en la Historia”, como escribió en su carta testamento, el país esperaba por nuevos tiempos, que empezaron a llegar dos años después, a partir de la toma de mando del nuevo presidente Juscelino Kubitschek, el 31 de enero de 1956.
No solo Brasil se modernizaría a todo vapor, sino que transcurrirían cincuenta años, y no cinco, como registraba el calendario. Esa era la consigna ambiciosa y optimista del gobierno JK. El lema era un binomio: “energía y transporte”.
A los 54 años, el presidente trasmitía una imagen de fuerza, disposición para el trabajo y optimismo como no se veía en el país hace mucho. Tenía muchos planes, que pretendían acelerar el desarrollo de Brasil. Uno de ellos era el Plan de Metas. Algunos alcanzaron la meta pretendida, otros no. Los 3,1 millones de KW instalados en el país en 1956 pasaron a más de cinco millones en 1960, menos que lo proyectado. Deberían inaugurarse 12 mil Km de nuevas carreteras, pero en ese caso se superó la meta: 13 mil Km.
Un marco de ese periodo fue el Teatro Castro Alves, en Salvador, aspiración bahiana tan antigua que, en 1948, el diputado Berbet de Castro reclamaba: “Es realmente lamentable que en pleno siglo XX, en el momento en que se acercan las celebraciones del cuarto centenario de su fundación, la vieja y tradicional ciudad de Salvador, la primera de Brasil, por tantos y tamaños títulos, todavía no disponga de un teatro a la altura de sus magníficos foros de cultura y espiritualidad”.
El proyecto se inició nueve años después, cuando Antonio Balbino ocupaba la Gobernación. El proyecto de los arquitectos Bina Fonyat y Humberto Lopes sorprendió al público bahiano, que esperaba un edificio tradicional, similar a los teatros municipales de Río de Janeiro y São Paulo. En esa oportunidad, hubo controversias públicas, pero la mención de honor recibida en la 1ª Bienal de Artes Plásticas de Teatro, en São Paulo, ratificó el acierto del proyecto, que aún hoy impresiona al público que lo visita.
Antonio Balbino exigió rapidez de la Norberto Odebrecht, en junio de 1957. La Constructora tuvo que modificar el proyecto original, pues había constatado deficiencias como falta de camarines colectivos, guarda ropas, local apropiado para ensayo del cuerpo de ballet y del coro, así como un esquema para cambios de escenario. Pese a ello, en once meses el Castro Alves estaba terminado, con sus 1.700 butacas, cuatro mil lugares más en el anfiteatro al aire libre (los teatros municipales de Río y de São Paulo, ciudades bastante más grandes que Salvador, tenían respectivamente, 1.800 y 1.600 lugares).
Entregado oficialmente al Gobierno del estado el 2 de julio de 1958, fecha de la independencia de Bahía, el Teatro Castro Alves fue abierto a la visitación pública. Pero el espectáculo de inauguración, marcado para el día 14 con la presentación del ballet del Teatro Municipal de Río de Janeiro, no se realizó. Cinco días antes, un incendio destruyó completamente el cuerpo principal del edificio, dejando intacto apenas el anfiteatro al aire libre. El gobernador salió de madrugada del Palacio de la Aclamación, cerca de allí, y lloró frente a las cenizas. El teatro solo sería inaugurado en 1967.
En el ambiente brasileño desde los años cincuenta hasta los sesenta, se respiraba optimismo y euforia. En 1959, Odebrecht patrocinaba su primera edición cultural, el libro Homenagem à Bahia Antiga, y en 1965 fue creada la Fundación Odebrecht (ver páginas 78 a 80). El noreste pasaba por una etapa de expansión y progreso impulsada por la creación de Sudene (Superintendencia de Desarrollo del Noreste), con sede en Recife, donde la Norberto Odebrecht abrió una filial en 1962 y desde donde pasó a coordinar un gran número de obras en las regiones Noreste y Norte. Antes de eso Odebrecht ya había construido la Cia. Emporio Industrial do Norte, que incluía la casa de máquinas y cimientos de calderas y turbinas de la Fábrica de Tejidos Luís Tarquínio; el depósito de hormigón armado de las Empresas Reunidas Correa Ribeiro; se había ampliado el Moínho da Bahía y erguido el conjunto industrial de Sanbra – Sociedade Algodoeira do Nordeste Brasileiro, obras emplazadas en Salvador ejecutadas entre 1956 y 1957.
En el Noreste, la empresa sería responsable de la construcción de la planta para montaje de vehículos y del depósito de piezas de la Willys Overland y de los conjuntos industriales de Coperbo, Alpargatas Confeccões, y Tintas Coral do Noreste, proyectos en el estado de Pernambuco, además de otras obras coordinadas por ella para organizaciones nacionales e internacionales que se implantarían en la región.
En los años sesenta, el Noreste respiraba optimismo y pasaba por una etapa de expansión con la creación de Sudene
Los contratos de la constructora se multiplicaban y la misma sería responsable de la introducción, en todo el Noreste, de muchos recursos y equipamientos que se utilizan actualmente. Era de ella, por ejemplo, el primer guinche usado en las obras, un avance considerable, en lugar de ascensores metálicos. Asimismo, presentó una innovación con la incorporación de tuberías y vigas de apuntalamiento, además de revolucionar la tecnología de construcción civil en la región con el uso intensivo del hormigón protensado.
Una de las primeras obras de hormigón premoldeado de Bahía fue el puente del Funil, conectando la Isla de Itaparica al continente, en Bahía de Todos os Santos, en 1968. La obra es un ejemplo de la variante ofrecida al Cliente, como forma más creativa y económica de ejecutar un proyecto. Sin equipamientos para levantar grandes pesos, los trabajadores iban inventando herramientas de trabajo y moviendo piezas gigantescas con gatos hidráulicos un poco más grandes que los que se utilizan en los automóviles. Este puente se construiría, según la praxis, con apuntalamiento para hormigón. Se hacía el puente de madera y se construía sobre él uno de hormigón, removiéndose, entonces, el primero. Por lo tanto, los costos se duplicaban. La constructora optó por la variante de hormigón premoldeado, más barata. Pese a la co-rrentada, que dificultó mucho los trabajos, el puente se convirtió en una realidad de 660 metros de largo, apoyado en tuberías de aire comprimido de hasta 25 metros de profundidad.
La experiencia de la Constructora en los años 60 fortaleció su capacitación en dos campos fundamentales para su crecimiento como empresa nacional. Primero, pasaría a dominar obras de gran envergadura. Dos ejemplos son la represa de Pedras, sobre el río Contas, de 408 metros de largo y casi 70 metros de altura, que exigieron el tendido de más de 300 mil m3 de hormigón, y el puente rodo-ferroviario Propriá-Colégio, sobre el río São Francisco, de 832 metros de largo y cuyos cimientos profundos exigirían la incrustación de tuberías directamente en la roca, hasta 70 metros bajo el nivel del río.
Pero, sobre todo, la Constructora se había capacitado para administrar obras de logística compleja, con grandes contingentes de personas y grandes volúmenes de materiales. Esa nueva calificación, aliada a la filosofía empresarial que cada vez era más sólida y se diseminaba entre los equipos, fue el pasaporte con el cual la empresa desembarcó, a fines de la década, en el Sureste de Brasil.
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