nº 118 - Mayo/Junio del 2005
                       Portugués | Inglés
 Publicación interna de la Organización Odebrecht – Odebrecht S.A, Construtora Norberto Odebrecht, Braskem y Fundação Odebrecht
 HOME
 EN ESTA EDICIÓN
 REPORTAJES
 Acción Social
 Desarrollo
 Argentina
 Rel. con la Comunidad
 Angola
 Portugal
 Petroquímica
 Gestión de Riesgo
 Calidad de Vida
 Cultura
 Organización
 Educación I
 Educación II
 SECCIONES
 Editorial
 Comunidad
 Entrevista
 60 Días
 Opinión
 Mensaje del Consejo
 Galería
 Staff

El Desafío de la Internacionalización
de las empresas y las negociaciones
de la OMC y el ALCA

 
   
   
 

Un conflicto reciente dentro de la Unión Europea (UE) llamó la atención sobre los problemas que pueden surgir debido a la rápida internacionalización de las empresas en el área de servicios. Las autoridades de Dinamarca, país conocido por su liberalismo económico, aplicaron una multa elevada a una empresa de Letonia que ejecutaba obras en territorio dinamarqués pero pagaba a los empleados salarios en lats, mucho más bajos que los locales.

El episodio acentuó los temores de que la liberalización de los servicios permitiese el dumping social, o sea, la competencia desleal basada en la remuneración y costos laborales inferiores a los vigentes en determinado país. Ese fue el fantasma de un aumento del desempleo, a un nivel alarmante del 10% en Alemania y en Francia, que llevó al canciller Schroeder y el Presidente Chirac a exigir la disminución de la Directiva Bolkenstein, medida del Ejecutivo de la UE en Bruselas, que determina la liberalización del comercio de servicios en el núcleo de la Unión.

En realidad, dicha liberalización se volvió inevitable desde que la Ronda Uruguay del GATT aprobó, en 1994, el GATS, sigla en inglés del Acuerdo General sobre Comercio de Servicios. Dicho acuerdo incorporó a la Organización mundial del Comercio (OMC), sucesora del GATT, el inmenso dominio de los servicios, complementando y enriqueciendo las reglas de liberalización del comercio mundial, que antes se restringían al dominio de las mercaderías. A partir de entonces, se concluyeron importantes acuerdos que condujeron a una liberalización sin precedentes en servicios de telecomunicaciones – basta recordar las inversiones extranjeras de ese sector en Brasil, antes monopolio estatal – y en los servicios financieros.

Aparte, es fácil constatar que las negociaciones en curso para expandir más aún la liberalización de servicios en la OMC, el ALCA o entre el MERCOSUR y la UE, solo hacen acompañar con cierto atraso dos tendencias que revolucionaron la economía contemporánea: la internacionalización de las empresas y la profunda transformación tecnológica en telecomunicaciones y en electrónica.

A fin de adaptarse a un proceso productivo que dejó de ser solamente nacional –como era en la época en que Brasil exigía que la industria automovilística tuviese “índices de nacionalización” de cerca del 100%- las empresas tuvieron que “trasnacionalizar” sus operaciones, o sea, empezaron a operar en número cada vez mayor de países, y de acuerdo con la lógica de los costos, produciendo en la base los componentes importados de diversos orígenes. Actualmente, las empresas trasnacionales facturan mucho más por medio de sus filiales diseminadas por el mundo que por medio de exportaciones directas.

Las negociaciones en curso acompañan las dos tendencias que revolucionaron la economía contemporánea: la internacionalización de las empresas y las transformaciones tecnológicas en las telecomunicaciones y la eletrónica"

Por otra parte, la revolución tecnológica que combinó la electrónica con las telecomunicaciones, hizo posible algo que hace quince años era inimaginable: permitir que una empresa en los EEUU encomiende en la India el download, sin pasar por la aduana norteamericana, una infinidad de servicios inalcanzables que van desde contabilidad y auditoría hasta todos los tipos de consultoría y diseño especializado, a transferir servicios simples como la telefonía o adquirir las modalidades más sofisticadas de software, utilizando como medio los chips electrónicos. Es lo que se denomina off-shoring, la transferencia hacia países más baratos de servicios que anteriormente eran suministrados por firmas locales.

Brasil tiene una tradición relativamente liberal en el sector de servicios, permitiendo hace mucho tiempo la presencia de firmas extranjeras en áreas como auditoría, publicidad, hotelería, restaurantes etcétera. Hasta en la construcción civil, en la época de Brasilia, una empresa norteamericana construyó la barrera del lago Paranoá, vecina a la capital. Y más recientemente el fenómeno de empresas brasileñas que lograron vencer con éxito el desafío de la trasnacionalización, lo que ocurrió primero sobre todo con empresas de minería y petrolíferas, como la CVRD y Petrobras. Mucho más excepcional son los casos de compañías brasileñas como Odebrecht que lograron formar reputación internacional de capacitación en exportación, un área difícil. Es obvio que el éxito de Odebrecht no hubiese sido posible si no fuese el grado incipiente de liberalización existente en ese dominio.

Las negociaciones actuales demandarán, en ciertos casos, decisiones difíciles del país, principalmente en áreas que han sido hasta hoy relativamente protegidas de la competencia internacional como la de seguros o de los diversos servicios que pueden prestarse a distancia por medios electrónicos. A la vez, surgirán nuevas oportunidades importantes de expansión para empresas eficientes como la nuestra. Hay que estar consciente de que está en juego en las negociaciones, a fin de influir para que el resultado facilite la ampliación de las operaciones de la empresa, tanto en el sentido de remover enclaves existentes con respecto al reconocimiento de patrones de capacitación técnico-profesional, logros de autorizaciones de trabajo temporario etcétera, como en lo que atañe a la apertura de mercados promisorios que aún están cerrados a la competencia internacional.

Rubens Ricupero
integra el Consejo de Administración de Odebrecht S.A.

 
© Copyright Odebrecht S.A.
Inglês Espanhol