nº 120 - Setiembre/Octubre del 2005
                       Portugués | Inglés
 Publicación interna de la Organización Odebrecht – Odebrecht S.A, Construtora Norberto Odebrecht, Braskem y Fundação Odebrecht
 HOME
 EN ESTA EDICIÓN
 REPORTAJES
 Des. de personas I
 Des. de personas II
 Argentina
 Seguridad en el Trabajo
 Riego
 Homenaje I
 Medio Ambiente
 Organización
 Petroquímica
 Actuación Responsible
 Petróleo
 Cultura I
 Cultura II
 Desarrolllo Sustentable
 Homenaje II
 SECCIONES
 Editorial
 Mensaje del Consejo
 Comunidad
 Entrevista
 Profesión
 60 Días
 Fundación Odebrecht
 40 años
 Staff

Carga pesada, sin perder la vanidad
Las mujeres logran más espacios en los polos petroquímicos.
Están preparadas para cualquier tipo de trabajo
   
   
Luciana Moglia, Daniella Leite y Miucha Andrade ◦ texto
Christian Cravo y Eneida Serrano ◦ fotos

En el barrio de Cabula, en Salvador, Jamile Cássia dos Reis, 26 años, se levanta a las 4hs30, viaja una hora hasta Camaçarí y a las 7hs inicia su turno en la Unidad de Vinílicos de Braskem. En la fábrica, arrastra mangueras, se sube a las torres, abre y cierra válvulas y es la primera mujer conductora de la Brigada de Emergencia. Jamile es uno de los ejemplos del equipo femenino que actúa en las unidades industriales de Braskem en Bahía, Alagoas y Río Grande del Sur, ocupando posiciones que, hasta hace muy poco tiempo, eran exclusivas de los hombres.

Las mujeres conquistaron en el 2000 el área industrial en Camaçarí, al tiempo que un grupo de pasantes fue entrenado para actuar en las tres fábricas que son actualmente unidades de Braskem (Insumos Básicos, Vinílicos y Poliolefinas). Jamile trabaja con 17 hombres. “Todos me querían enseñar y por eso aprendí rápido. Al poco tiempo ya hacía de todo”. Ella ingresó en la brigada de incendio y recibió la invitación para conducir el camión en su unidad. “Los hombres se divierten diciendo que las mujeres no sabemos manejar, sin embargo he terminado con esa fama”.

Los entrenamientos de combate a incendio se realizan semanalmente y los ejercicios son de la misma intensidad para hombres y mujeres. En esas situaciones, las brigadistas de Braskem cargan 20 kilos de equipamientos, entre uniforme y EPIs (Equipamientos de Protección Individual), y soportan 14 Kg. de presión del agua de las mangueras. El traje mojado llega a pesar 40 Kg.

A las mujeres se les prohíbe usar collares y pendientes grandes durante el turno, lo que no les quita la vanidad. “Nos ponemos una tiara en la cabeza para que el pelo no se nos mezcle cuando nos sacamos el casco”, comenta Jamile. Tras los entrenamientos de la brigada o en días de lluvia, todas acuden a la peluquería. “Me hago limpieza de piel, me peino, me arreglo las manos y los pies todos los días”.

Karen de Souza Rocha, 24 años, trabaja en la Unidad Insumos Básicos. Ella conoció al marido en la escuela técnica. Los dos trabajan en Braskem, desempeñando la misma función. “Logramos conquistar nuestro espacio en el área industrial y les abrimos la puerta a otras chicas”.

Ella y otra más trabajan entre 50 hombres en el área operacional de la fábrica Oleofinas II. “No hay ninguna diferencia en el trabajo, solo aflojamos un poco el lenguaje cuando ellas entran al local”, afirma José Antônio Nonato, operador senior, compañero de Karen.

Gélio Justino, operador especializado en Insumos Básicos, llegó a Camaçarí en 1972, y presenció el desarrollo del polo cuando aún no había ninguna mujer trabajando en las fábricas. En el 2000, se le planteó el desafío de entrenar a Karen. “El desempeño es igual. Ellas son igualmente capaces. Las mujeres siempre son muy bien venidas”.

Rosa Maria de Araújo, 25 años, es operadora en la Unidad de Poliolefinas, en la fábrica de Polietileno II, en Camaçarí. Empezó a trabajar en la extrusora, donde se transforma el polvo de polietileno en granos, a una temperatura de 200º C. “Me encantó el trabajo pesado, era algo que ninguna mujer había realizado. Se convirtió en un desafío. Vinimos y nos quedamos”, afirma.

Rosa relata que, al contrario de la mayoría de las personas, su turno preferido es el de las 23 a las 7 horas. “Aprovecho el día cuando trabajo de madrugada. Voy a la playa, al shopping y paseo”. Y al alejarse de Braskem, Rosa observa el resultado de su trabajo. “Lo veo en mi propia casa. Cuando utilizo una bolsa de nylon o de cualquier material de polietileno, me acuerdo de mi responsabilidad en la fábrica”.

Siguiendo los pasos de Bahía

En Alagoas, nueve mujeres trabajan en la operación de las fábricas de Cloro- Soda, de PVC y en Cinal. Los hombres, que eran desconfiados, ahora agradecen el colorido y el vigor de su presencia. Ellas no decepcionan y demuestran con fuerza de voluntad y planeamiento personal que es posible ejecutar un trabajo de calidad, con algo más: sensibilidad y gracia.

El cotidiano de un operador no es fácil. Las máquinas son pesadas y el manoseo de los productos tiene que ser cauteloso. Las chicas que operan, Savia Kelly Bida, Vanessa Guimarães, Márcia Inácio de Carvalho y Janaína Karina Cordolino -todas tienen entre 20 y 22 años de edad- crearon una nueva manera de conducir la vida personal y profesional en los varios turnos que deben cumplir. Savia es operadora de la terminal marítima de la fábrica de Cloro-Soda y trabaja con bombas a presión, y mangueras gigantes conectadas a ductos del buque y a un guinche. Ella es responsable de la conexión de los buques que atracan en la terminal de Braskem para descargar y cargar productos. “La ayuda de nuestros compañeros más antiguos nos permite un aprendizaje que garantiza operaciones seguras, sin riesgos ambientales, personales o de seguridad”, afirma.

Dirceu Alves de Andrade, coordinador de la fábrica de PVC, está satisfecho con el desempeño de las chicas: “Son dedicadas, detallistas, puntuales y sensibles. El esfuerzo para superar el tema de la fuerza física genera un estímulo mayor”.

En Río Grande del Sur, al contrario que en Alagoas y en Bahía, las mujeres de Braskem no ejecutan funciones de operadoras. Hay pocas ingenieras, solo hay una mujer que trabaja por turnos. En la Unidad de Triunfo se encuentra la primera profesional a trabajar por turno en Camaçarí, donde hay muchos ejemplos femeninos en las fábricas.

Silvana Piazza Daudt, 37 años, se graduó en 1988 como técnica en Química en la Escuela São João Batista Liberato Salzano, en Montenegro (Río Grande del Sur). La oportunidad de ingresar en el mercado surgió en 1922. Su esposo había conseguido empleo en Camaçarí, en la época en que Poliolefinas reclutaba gaúchos para su nueva Unidad de Polietileno. Las vacantes para las fábricas serían en régimen de turnos, hasta ese entonces solamente para el sexo masculino. “No querían contratarme. Decían que las mujeres éramos más débiles, que por cualquier cosa nos enfermábamos. Pero conquisté la oportunidad”, recuerda. “Actualmente sé tratar más a los hombres que a las mujeres. Ellos son más sencillos. Nosotras somos más complicadas”. Silvana entró como trainee y permaneció en Camaçarí durante cuatro años, en turnos, en el laboratorio. Por ejemplo, en la sala de control no había ni una sola mujer.

“Al principio, las personas me miraban como si fuese una intrusa, pero lo superé enseguida. Tuve que conquistar mi espacio. A veces, las propias mujeres establecemos las barreras. Si, por ejemplo, hay que cargar una bolsa de 25 Kg. yo la cargo”.

Silvano observa que, a pesar de ser tratados en Braskem del mismo modo que las mujeres, inclusive con respecto a salario, los hombres se sienten obligados a ayudarlas en cuestiones que envuelven esfuerzo físico. “Ellos se empeñan en cargar peso”.

Silvana regresó en 1999 a Triunfo como analista senior para Spherilene (nombre de la tecnología utilizada en la planta). El año pasado, fue ascendida a analista especialista y coordina el sector cuando el líder está ausente. En sus actividades diarias, Silvana hace testes en las extrusoras para ver cómo va a quedar el producto, limpia matrices muy calientes y, cuando se necesita, carga peso.

Beatriz Ramos Vieira, 26 años, es una de las pocas mujeres que trabajan por turnos en todo el Polo Petroquímico de Triunfo. Y la única en Braskem. La técnica en química trabaja en la empresa hace cinco años. Empezó como pasante con cuatro compañeras. “Había dos mujeres y tres hombres”, afirma. Beatriz ya se hizo amigos en los horarios alternativos, durante los cuales convive con sus compañeros de turno. “Algunos se sienten más cómodos para conversar conmigo sobre la familia y los hijos”, dice. Por ser la única mujer, es popular: todos saben su nombre.

Beatriz sigue algunas reglas en nombre de la buena convivencia. “Soy muy discreta en la forma de vestirme y de portarme. Y acompaño todas las noticias sobre el campeonato brasileño de fútbol”, dice.

Luciana Almeida da Silva, 41 años, ingeniera química especializada en Petroquímica, vive una etapa bastante distinta. Llegó a Braskem con experiencia en la convivencia con hombres en el trabajo. Trabajó durante 14 años como ingeniera de proceso en la Petroquímica Triunfo. “En la época, fui la primera mujer que entró en el área industrial de la empresa. Al principio fue difícil, pues me molestaban algunas miradas masculinas de reprobación y me sentía obligada a probar, todo el tiempo, que yo podía estar en aquel lugar”.

Luciana cambió de actitud. “Hoy siento una naturalidad total en el ambiente de trabajo”, observa la ingeniera, que divide la oficina con cinco hombres e interactúa diariamente con los operadores de las plantas. Ella observa: “Hoy me doy mejor con los hombres que con las mujeres. Ellos son más sencillos. Nosotras somos complicadas”, bromea.

© Copyright Odebrecht S.A.
Inglês Espanhol