nº 122 - Enero/Febrero del 2006
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 Publicación interna de la Organización Odebrecht – Odebrecht S.A, Construtora Norberto Odebrecht, Braskem y Fundação Odebrecht
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Bajo el signo de la permanencia
Hace 15 años en los Estados Unidos, Odebrecht ejecuta obras
de alta tecnología y confirma que está en el país para quedarse
Un compañero que permanece vivo en la memoria de todos
   
   
Humberto Werneck ◦ texto
Eduardo Barcellos ◦ fotos

Había llegado el momento de que Odebrecht presentase su propuesta - y fue justamente cuando el fax resolvió romperse. Después de tanto trabajo, la empresa corría el riesgo de no presentarse a la licitación para la ampliación del Metromover, el metro elevado de Miami (ver fotos y mapa en los sitios web.presby.edu/~jtbell/transit/Miami/Metromover/ y www.tramsways.com/subways/miami.metromover/mimemo1h.html). En la inminencia del fracaso, el Director Superintendente Luiz Oswaldo Leite no tuvo dudas: corrió hasta el bar de al lado, cogió el fax del establecimiento y, bajo la mirada estupefacta del dueño, el peruano Javier, lo llevó hasta la oficina de Odebrecht. Fue un gesto salvador. La propuesta no solo podría ser enviada a tiempo sino que representó para la empresa el primer contrato en territorio norteamericano, en febrero de 1991. Y Javier recibió el fax de vuelta, acompañado de agradecimientos.

No deja de resultar curioso que, bajo el signo de la improvisación, se inició una de las más sólidas y bien sucedidas iniciativas de Odebrecht fuera de Brasil. Quince años después, el brazo norteamericano de la empresa brasileña se enorgullece de la posición alcanzada.

Traduciendo en cifras: la empresa ejecutó, en Estados Unidos (Florida, California y Carolina del Norte) 45 obras, cuyo valor total supera los US$ 2.000 millones. Es la constructora más actuante en el aeropuerto de Miami, uno de los de mayor circulación del país (ver recuadro), que ya se adjudicó 15 contratos y en el momento ejecuta proyectos del orden de US$ 700 millones - cifra que crecerá con el inicio de obras en el North Terminal, en marzo del 2006. “Estamos muy satisfechos con la actuación de Odebrecht aquí, lo que la faculta para realizar mucho más”, observa el Vicedirector del Aeropuerto de Miami, John W. Cosper. En el ranking de las 25 mayores constructoras de aeropuertos en todo el mundo, relativo a 2004 y publicado en octubre pasado por la revista ENR - Engineering News Record, www.enr.com Odebrecht figuraba en el 13º lugar, y rebasará, por cierto, esa posición cuando se tome en cuenta su desempeño en el año 2005.

La empresa participa, además, de la construcción del PAC - Performing Arts Center, grandioso conjunto de salas de espectáculos en Miami, con inauguración prevista para el segundo semestre del 2006. La obra, cuyo costo varía en cerca de US$ 280 millones, no será la primera joya que Odebrecht ayuda a incrustar en la tarjeta postal de Miami: no lejos de allí; por ejemplo, la empresa participó de la construcción del American Airlines Arena, nombre oficial del gimnasio del club de básquetbol Miami Heat, capaz de acoger a 20 mil espectadores, inaugurado en diciembre de 1999.

No es solo eso. Odebrecht Construction construyó en el paisaje de Miami un viaducto como el Golden Glades, con 2,5 Km. de longitud y pilares de hasta 25 metros de altura; levantó edificios como el Ritz-Carlton Key Biscaine Resort & Spa o la sede del servicio de residuos sólidos no reciclables del condado de Miami Dade, en Miami Beach, donde construyó el Ocean Steps, magnífico edificio residencial con instalaciones comerciales en planta baja. Contribuyó también para la preservación de preciosidades arquitectónicas en el estilo art déco, al restaurar el edificio del antiguo y hermoso hotel Bancroft (presione el sitio www.richmondsounddesign.com/2001.html y vea decenas de imágenes de edificios estilo art déco en South Miami Beach Art Déco).

“A la llegada, nos tocaron obras de menos de US$ 20 millones, y actualmente son contratos de US$ 700 millones”, compara el ingeniero carioca Luiz Rocha, 52 años de edad y 32 de casa, que fue DS en el país antes de asumir, en el inicio del 2005, las funciones de Vicepresidente de Negocios Internacionales de Odebrecht para Estados Unidos, México, Europa y Oriente Medio. “Competimos actualmente con las mayores empresas norteamericanas”, constata Luiz Rocha. “Ya no se nos considera extranjeros”, agrega. “Somos una empresa norteamericana en los Estados Unidos”.

Basta mirar el cuadro de personal de Odebrecht Construction, en el cual los brasileños, en noviembre pasado, no ultrapasaban los 20 entre los 136 existentes. En este equipo de colaboradores, había 22 nacionalidades, en una productiva babel que sumaba americanos, brasileños y latinoamericanos de todas partes. Y ya se podía conmemorar una etapa importante, que indicaba la madurez de la empresa. En los primeros tiempos de su actuación internacional, Odebrecht actuaba a partir de Brasil y todos los extranjeros que trabajaban eran brasileños. En este momento, siete de sus colaboradores en el Medio Oriente son norteamericanos.

“La vocación internacional viene naturalmente, como resultado de la aplicación de la Tecnología Empresarial Odebrecht”, afirma el ingeniero bahiano Paulo Suffredini, 51 años, que trabaja en Odebrecht desde 1976. Suffredini es Director de Contrato Responsable de las obras ejecutadas por agencias federales del Gobierno de los Estados Unidos, como los proyectos realizados para el Ejército en el Medio Oriente. “El principio fundamental es atender al cliente, donde necesite”, recuerda Suffredini.

Odebrecht Construction no es una aventura de brasileños acampados en territorio extranjero para llevar a cabo un contrato y enseguida salir en retirada. Luiz Rocha aclara: “No venimos por una oportunidad, venimos a crear raíces”. Con esa disposición, trató desde el inicio de construir relaciones de largo plazo, basadas en la confianza mutua, única forma de asegurar una integración genuina, profunda y duradera en la comunidad. Jamás se descuidó del trabajo paciente de establecer sociedades con las llamadas minorities - las Comunity Small Busineess Enterprises, empresas de pequeño porte, con un promedio anual de ingresos de US$ 1,5 millón a US$ 5 millones, a las cuales la ley norteamericana reserva una tajada en la ejecución de obras públicas. Al gestionar los contratos, Odebrecht siempre ha tratado de ir más allá de la exigencia legal, alrededor de un 10%, y ese es uno de los aspectos en que ya se diferencia en el mercado norteamericano.

“El tratamiento que dedicamos a las empresas subcontratadas es transparente, y ello ha sido, en el mercado norteamericano, un diferencial de Odebrecht”, afirma el administrador y arquitecto Antonio Pinto, de 45 años y 20 de empresa, responsable en el momento de la construcción de un edificio más para embarque y desembarque de pasajeros, conectado a la terminal, obra de US$ 100 millones, en el Aeropuerto de Miami.

La disposición de vincularse a la comunidad ha sido una constante desde que el ramo norteamericano de Odebrecht fue formalmente constituido, el 20 de agosto de 1990, marco inaugural de una trayectoria que vale la pena recordar.

El primer local de la empresa fue una sala en la planta baja de un edificio en los alrededores del Aeropuerto de Miami. Las instalaciones eran tan apretadas que algunas reuniones no cabían entre las cuatro paredes -había que realizarlas de pie, junto al mostrador externo del bar del peruano Javier. El que recuerda esa etapa es el DS de Odebrecht en los Estados Unidos, el ingeniero civil Gilberto Neves, quien, a los 45 años de edad, trabaja en la empresa hace 22 años, 15 de ellos en Miami: “Nosotros llegamos a firmar contratos de personal allí, en aquel mostrador, tomando un cortado”.

Integrante de aquel primer núcleo, Gilberto Neves comenta que después de algún tiempo la empresa pudo mudarse para un espacio un poco mayor, en el piso de arriba, de donde saldría, en 1992, para un edificio en la 12th Street - hasta finalmente acomodarse, a mediados de los años 90, en las actuales instalaciones, en Coral Cables.

Una carrera construida paso a paso

En aquel comienzo, no se dio ningún paso sin bastante esfuerzo, como recuerda otro veterano del equipo inicial, el ingeniero civil Marcos Tepedino, de 50 años y 29 de Odebrecht, que en la época fue Director de Contrato de la obra del Metromover: “En los primeros tiempos, no se conseguía comprar ni un paquete de clavos”, recuerda Tepedino. “Como nadie sabía quienes éramos, no teníamos crédito en la plaza”. “No hay que lamentarse”, afirma Gilberto Neves, al contrario: “El hecho de haber entrado por la puerta del fondo, digamos así, nos capacitó, nos enseñó a hacer negocios en este país”. Y no había poco que aprender: acostumbrada a ejecutar con fuerza de trabajo propia todas las etapas de una obra, en los Estados Unidos a Odebrecht actuaría de otra manera -pasaría a gestionar empresas subcontratadas para ejecutar cada segmento del proyecto.

Al principio, Odebrecht tuvo dos bases en los Estados Unidos -una en Florida, otra en California, donde ejecutó obras de impacto como la Represa de Seven Oaks (ver fotos del paso a paso de la construcción de la Represa de Seven Oaks en www.spl.usace.army.mil/resreg/htdocs/7oaksphoto.html ) A fines del siglo XX y principios de éste, se unieron las dos empresas y las operaciones se concentraron en el sur de Florida, con base en Miami. “Decidimos crecer con serenidad”, explica Gilberto Neves.

Formar un equipo básico, relata Marcos Tepedino, no fue una tarea muy sencilla para los recién llegados. Al poco tiempo, entretanto, se fueron identificando talentos que se incorporaron a Odebrecht. Varios de esos colaboradores, como la Responsable de Personas, Daphne Di Pasquale (ver recuadro), figuran hace muchos años en los cuadros de la empresa -lo que es poco común en un mercado donde una carrera en general se hace saltando de un empleo a otro, frecuentemente por el atractivo de pases contractuales, llamados signing bonus.

El lugar de la perfección sonora

“En los Estados Unidos, para crecer, uno tiene que cambiar mucho de empresa”, explica el Director de Obra, Jesús Vázquez, ingeniero nacido en La Habana, hace 44 años, y llevado por los padres a Miami cuando tenía meses, y cuyo currículo profesional reciente incluye la construcción del American Airlines Center. Vázquez anduvo por varias empresas antes de ingresar a Odebrecht, en 1997, y suele declarar que solo lamenta no haber entrado antes. Y afirma, sonriente: “Ya le dije a mis jefes que este será mi último empleo…”

Si se le preguntan sobre las razones de su apego a la empresa, Jesús Vázquez habla en “clima de familia”. “Odebrecht es tan grande, y sigue siendo una familia”, observa, traduciendo en otras palabras uno de los motivos de orgullo de la Organización también en los Estados Unidos: ser una gran empresa con el espíritu de una pequeña empresa.

No es de admirar que Jesús Vázquez haya encarado con tanto sentido del humor y entusiasmo la perspectiva de trabajar duro hasta la recta final de las obras de la American Airlines Arena. Pocas horas antes de la inauguración del gimnasio, el 31 de diciembre de 1999, él estaba manejando un carro para recolectar la basura final. Eran las 9 de la noche cuando, después de constatar que ya no había nada que hacer, Vázquez se fue a su casa, se duchó - y, exhausto pero orgulloso del desempeño de su equipo, volvió a tiempo de ver el inicio del show de la cantante Gloria Estefan. “No me quedé hasta el final”, comenta, “porque mi esposa y mis hijas tenían otros planes para la noche del 31”.

En el caso del ingeniero Brian Perantoni Jr., 30 años de edad y siete de Odebrecht, que también considera que la empresa es “una especie de familia”, la expresión tiene un sentido casi literal, pues su padre trabajó allí hasta que falleció, aún joven, dejando una imagen muy fuerte, personal y profesional, que años después sigue inspirando a los compañeros (ver recuadro). Actualmente el segundo hombre en las obras del South Terminal, Brian Jr. conquistó la confianza de la compañía, inclusive antes de haber firmado un contrato, pues el padre solía llevarlo, con su hermano Scott, para trabajar con él durante las vacaciones escolares, prácticamente como peones.

Le gustó. “No tuve otro empleo”, afirma, “pero he visto lo suficiente para afirmar que Odebrecht hace por su personal mucho más que otra empresa”. Su impresión es confirmada por Greg Meras, norteamericano de Miami, de 46 años y 10 de casa. “Crecí aquí”, argumenta Greg, actualmente Responsable de Producción en el sitio de obras del South Terminal. “Uno es respetado, acá dan valor a tu opinión”, agrega, refiriéndose al régimen de delegación proporcionada por la Tecnología Empresarial Odebrecht. Está de acuerdo con él su compañero Marc Poropat, de Chicago, 43 años, Responsable de Producción en la misma obra, que sintetiza su pensamiento: “Mientras algunas empresas operan por intimidación, aquí actuamos como un equipo”.

Tampoco es menor el entusiasmo del ingeniero argentino Luis Arditi Rocha, Director de Programa de las obras del South Terminal, talento que Odebrecht fue a hurgar en la Florida Internacional University (FIU), donde él, a los 26 años, estudiaba y trabajaba. Quien lo ubicó fue el ingeniero y administrador de empresas David Peebles, en quien la empresa tiene una valiosa antena para futuros negocios y oportunidades, además de colaboradores (ver recuadro). Arditi, un enamorado de Brasil -a los 14 años, en Buenos Aires, compró un diccionario y se empeñó en aprender el portugués, lengua que domina actualmente casi sin acento- aceptó la invitación y se incorporó de inmediato al equipo que, en aquel momento, estaba empeñado en su primera obra en el Aeropuerto de Miami, el almacén de carga de la American Airlines.

La trayectoria sorprendente de un hurgador de oportunidades

Tiempos heroicos, recuerda: en la víspera de empezar las obras, en compañía de Gilberto Neves y Brian Perantoni, empezó a conocer -hasta aquel momento utilizado como estacionamiento- el lugar en una camioneta. “Era de noche y nosotros mismos cercamos el área con cuerdas para que nadie pudiese estacionar”, cuenta Arditi, quien vendría a participar de todas las obras de Odebrecht en el Aeropuerto de Miami.

Odebrecht en los Estados Unidos

Pese a que quedaron para atrás la precariedad y la falta de confort de aquellos comienzos, y ya no es necesario recurrir al fax del bar de al lado para asegurar presencia en una licitación, no por eso es menor, en la compañía, la seguridad de que el presente y el futuro están poblados de desafíos. Vencido el marco de los primeros 15 años de presencia en los Estados Unidos, ¿cuales serían los próximos pasos? “Vamos a consolidar a Odebrecht Construction como empresa rentable y competente, convirtiéndola en ´la elección del cliente`, reconocida por la comunidad y por nuestros asociados, actuales y futuros”, observa el DS Gilberto Neves.

No es necesario mirar hacia atrás para darse cuenta que el camino está trazado.

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