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La esencia del liderazgo
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En La Paradoja, libro que vendió 480 mil ejemplares en Brasil,
James Hunter crea una ficción en que analiza los principales
atributos de un líder a partir de principios cristianos
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| José Enrique Barreiro |
La vida de John Daily no andaba nada bien, aunque eso no fuese visible para los demás. John era el gerente general de una fábrica de vidrios planos, en Michigan (EEUU), con 500 funcionarios y ventas anuales de más de US$100 millones. Vivía con la esposa y dos hijos en un hermoso apartamento, tenía una casa a la orilla del lago Erie, y dos coches en el garaje. Dos veces al año se iba de vacaciones y logró acumular un ahorro respetable. Pero era un hombre insatisfecho, que decidió hacer un curso de una semana en un monasterio benedictino en el norte de Michigan.
Al llegar al monasterio, John tuvo una gran sorpresa: el curso seria impartido por el hermano Simeão, nadie menos que el ex-ejecutivo Len Hoffman, que en los años 80 frecuentaba la lista de los principales hombres de negocios de la revista Fortune. Hoffman había escrito La Paradoja: un relato sobre la verdadera esencia del liderazgo, libro que permaneció, por más de tres años, en la lista de los más vendidos del país. Un buen día, en el auge de la carrera, Hoffman dejó todo y desapareció. John jamás lo oyó nombrar, hasta encontrarlo allí, con el nombre de hermano Simeão. Ya en la primera clase, el ex ejecutivo dejó claro para el grupo: “Voy a desafiarlos a reflexionar sobre la gran responsabilidad que asumieron cuando optaron por liderar”.
James Hunter utiliza una narrativa ficcional para presentar conceptos de liderazgo. Él defiende la idea de que “liderar es servir”, o sea, “identificar y satisfacer las necesidades legítimas - y no los deseos ni las ganas - de las personas”. Muestra que el verdadero liderazgo requiere enorme dedicación del líder, que necesita promover y mantener relaciones saludables con los clientes, socios, accionistas y proveedores (“todo en la vida gira alrededor de las relaciones, y ello es especialmente verdadero en los negocios, porque sin personas no hay negocio”). El líder debe colocar al cliente en el tope (si el cliente no es bien servido y feliz, no habrá un próximo curso, pues estaremos desempleados”). Cuando uno de los participantes le preguntó sobre cuál sería el ingrediente más importante para una relación bien sucedida, Simeão no dudó: “La respuesta es sencilla: confianza. La confianza es la goma que pega los relacionamientos”.
(Para quién conoce la TEO, lo que James “Simeão” Hunter dice suena muy familiar. Con un detalle: Norberto Odebrecht escribió cosas similares hace casi 40 años y las practica hace más de 60. No se trata de celebrar su pionerismo, sino de hacer justicia histórica.)
Lo que hay de más significativo en La Paradoja es la relación entre el ejercicio de liderazgo y el más elevado de los principios cristianos, el amor: “El amor es paciente, es bueno, no se exhibe ni es arrogante, no se comporta inconvenientemente, no quiere todo para sí, no condena un error cometido, no se regocija con la maldad, sino con la verdad, soporta todas las cosas. El amor jamás falla”. John Daily no se contuvo: “!Es una lista de calidades de liderazgo!” Simeão concordó, pero hizo cuestión de aclarar: “Las ideas y el modelo de liderazgo que les presento no son míos. Se los pedí prestados a Jesús. Fue él quién nos mostró que la influencia y el liderazgo se construyen sobre el servicio”.
La recompensa para quien practica el liderazgo amoroso, según Simeão, es la alegría, la satisfacción interior y la certeza de estar en sintonía con los principios profundos y permanentes de la vida: “Servir a los demás nos libra de las esposas del ego y de la concentración en nosotros mismos, que destruyen la alegría de vivir”.
Desde que Max Weber, a principio del siglo XX, escribió La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, las relaciones entre principios religiosos y economía empezaron a conectarse. Alain Peyrefitte, en La Sociedad de Confianza, a fines de aquél siglo, remató el tema, dejando clara la preponderancia de lo inmaterial de fondo religioso en los procesos de desarrollo económico. James Hunter, sin la pretensión y el mérito de Weber y de Peyrefitte, retoma el tema a su manera al establecer conexión directa entre principios cristianos y liderazgo en el trabajo, entre monje y ejecutivo.
Empapado de esos principios John Daily volvió a casa renovado y dispuesto a cambiar. Al abrazar a la esposa le oyó decir: “Qué lindo abrazo, no consigo recordarme la última vez que te largué primero”.
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