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Un ejemplo de promoción humana
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Programa DIS Bajo Sur, implementado por la
Fundación Odebrecht, indica un camino viable
para la generación de trabajo y renta
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Emílio Odebrecht Presidente del Consejo
de Administración de Odebrecht S.A.
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Brasil es un país de contrastes. Todos sabemos. Pero utilizo un lugar común para recordar que intentar comprender lo obvio no es uno de nuestros ejercicios favoritos.
Y empiezo por ahí esas líneas porque en los contrastes que nos caracterizan están nuestras más notables cualidades y nuestros principales problemas.
En el primer grupo, destaco la diversidad ambiental -que hace de Brasil un país extraordinariamente bien surtido de riquezas naturales; la étnica multifacética- que nos distingue entre las naciones del mundo; y la pluralidad cultural, otro factor que singulariza a los brasileños.
En el segundo grupo, basta recordar el enorme foso que separa de forma dramática la sociedad brasileña e impone la convivencia inaceptable de gente que tiene de todo con la que no tiene nada.
Lo obvio es que resolver esa cuestión pasó a ser una causa de todos nosotros. ¿Por qué no avanzamos? Al fin y al cabo, Brasil tiene recursos, tiene tierras, tiene ideas, tiene proyectos. El brasileño es creativo, talentoso y trata de desarrollar y construir una vida mejor - sentimiento generalizado sobre todo entre los jóvenes.
La conclusión, también obvia, es que lo que hace falta son verdaderos líderes, dotados de una visión despolitizada, convencidos de que en la Educación y en el Trabajo se encuentran las soluciones para nuestro país y para el futuro.
La creación de oportunidades para que el talento florezca y sea colocado a servicio del bien común es parte del papel del empresario, consciente de que responsabilidad social es hacer bien lo que es correcto; generar riqueza para el accionista, para los integrantes de su organización y para la sociedad; es ofrecer buenos servicios y productos a sus clientes; es utilizar con sabiduría y espíritu de preservación los recursos de la Naturaleza; es calificar, valorar y motivar a sus equipos y establecer sociedades constructivas con las comunidades a las cuales sirve. O sea: protagonizar una historia de responsabilidad empresarial, que es la síntesis de todo eso.
En ese sentido, el Programa de Desarrollo Integrado y Sustentable del Bajo Sur de Bahía -el DIS Bajo Sur, que la Fundación Odebrecht está implementando, es un ejemplo de promoción humana por medio de la educación y de la generación de oportunidades de trabajo y renta. También es un ejemplo inteligente de reforma agraria porque propone en lugar de la expropiación de tierras con inversiones elevadas por parte del Estado, desarrollar regiones con vocaciones aún no explotadas y capacitar pequeños agricultores.
El modelo de distribución de tierras en Brasil se ha mostrado ineficiente e ineficaz: los beneficiarios no siempre tienen vocación para el trabajo en el campo y todo está siempre recomenzando.
Los verdaderos agricultores solo necesitan de la mano extendida que, sin connotación política, les traiga el apoyo que les es negado inclusive por el Estado -apoyo que sea la base para la supervivencia y el crecimiento de sus pequeños negocios y para el futuro de sus sucesores.
Son condiciones básicas de ese programa: cada individuo puede ser agente del propio destino y las acciones se destinan a ofrecer a las familias condiciones de educar a las nuevas generaciones para la vida, para el trabajo y para valores.
Se movilizaron recursos privados, el poder público y la sociedad civil, y los resultados alcanzados hasta ahora proporcionaron algunos aprendizajes fundamentales inclusive para demostrar que es posible hacer en Brasil mucho más de lo que se ha hecho en el campo de la acción social, a partir de un concepto más abarcativo y despolitizado, distinto, por lo tanto, del actual modelo de reforma agraria.
El primer aprendizaje es que la movilización debe ser articulada, que los diversos actores necesitan compartir la visión y que debe haber un liderazgo firme y capaz de transformar la visión en realidad.
Todos los involucrados deben buscar con fervor la excelencia de las prácticas porque los resultados solo surgirán cuando hubiere entusiasmo y compromiso.
Finalmente, no se puede pensar en acciones de esa naturaleza en Brasil, de arriba hacia bajo, con el espíritu centralizador.
Descentralizar significa despolitizar y compartir con las instancias locales todo el proceso decisorio, de modo que la prioridad de las carencias a ser atendidas sea definida por quienes las sufren.
Así, será posible identificar liderazgos, ajustarles el foco, integrar esfuerzos y transformar intenciones en resultados que a todos beneficien.
A nosotros, de Odebrecht, cumple, con enfoque en la contribución, identificar oportunidades de practicar la pedagogía de la presencia, ofreciendo tiempo, presencia, experiencia y ejemplo a quienes están movilizados por la causa de la inclusión social, una causa que también es nuestra.
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