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Djibouti |
texto: Cláudio Lovato Filho fotos: Américo Vermelho |
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El mundo en el sitio de obras
Construcción de la Terminal de Contenedores en el puerto de Djibouti, en África, a cargo de un equipo con integrantes de 16 nacionalidades
El territorio es lleno de cadenas de montañas y lagos de agua salada. El mayor es el Lac Assal, la masa de agua más salina del mundo y también el punto más bajo de África, a 156 metros abajo del nivel del mar. Se acumulan en sus márgenes cristales de sal, un espectáculo único e inolvidable. El clima es tórrido: la temperatura puede llegar a 55º C, lo que sucede con frecuencia. Debido al polvo del desierto, los hermosos paisajes tienen que ser admirados a través de una bruma permanente. Los franceses llegaron a fines de 1850, cuando la pequeña extensión de tierra (23 mil kilómetros cuadrados, una superficie equivalente al estado brasileño de Sergipe o al estado norteamericano de Massachusetts) era ocupada por nativos de las etnias afar e issa. En 1888, surgió la Somalia francesa, que conquistaría la independencia en 1977. Estamos en la República de Djibouti, país musulmán en el extremo este del continente, en el llamado Cuerno del Africa, donde Odebrecht participa de un proyecto crucial para el desarrollo socioeconómico de este país poco conocido, de 700 mil habitantes, de los cuales el 80 por ciento vive en la capital, la ciudad de Djibouti.
Cuando el equipo de Odebrecht Informa llegó a Djibouti, a fines de septiembre, la temperatura era amena para los niveles locales: andaba por los 38º C, lo que no era nada para quienes viven en el país. El Radamam, había empezado hacía dos semanas. Es el mes sagrado en el mundo islámico, durante el cual se respeta el ayuno (inclusive de agua) todos los días, desde el amanecer hasta el anochecer. Al atardecer, es el momento del Iftar, la quiebra del ayuno, hora de la cena y confraternización. El sentido del Radamam es la separación del cuerpo físico del espiritual para la adoración a Dios. En las casas, en los resturantes y en los incontables café de la ciudad de Djibouti, las conmemoraciones del Iftar llenaban las calles de voces, luces y alegría.
Predominan en la ciudad los edificios bajos, antiguos, la mayoría mal conservados. Se puede pensar en La Habana. Y, al igual que los habitantes de la capital de Cuba, a los nativos les gusta conversar en las veredas, en grupos, sentados en las innumerables cafeterías. Es un pueblo hospitalario y charlatán. La ciudad es segura. Se puede caminar por las calles a cualquier hora sin el menor temor. Es un lugar pacífico. Y ni siquiera la presencia constante de soldados de la Legión Extranjera francesa, cuya base en la ciudad cuenta inclusive con brasileños en su contingente, alejan la impresión y el sentimiento de que la violencia no es un problema de Djibouti.
El problema es otro: la falta de infraestructura en diversos sectores -transportes, energía, saneamiento, educación, salud. Djibouti es un país pobre. Hacerlo crecer y proporcionar mejor calidad de vida a la población es el desafío que el gobierno del presidente Ismael Omar Guelleh está intentando superar. El principal vector de los nuevos tiempos, tan anhelados, es bastante conocido para todos quienes viven la realidad del país: el Puerto de Djibouti. En frente al golfo de Aden, es la principal puerta de entrada y salida del Mar Rojo, lo que le confiere una importancia estratégica de primera línea en el ámbito mundial. Es la región por donde circula gran parte de la producción de petróleo del planeta. Además, Etiopía, país de 80 millones de habitantes vecino de Djibouti, que no tiene acceso al mar, necesita el Puerto de Djibouti como una persona necesita el aire.
Un proyecto crucial
Con la Terminal de Contenedores de Doraleh, que Odebrecht está construyendo desde septiembre del 2006 en consorcio con la empresa local Soprim, el puerto, la principal fuente de ingresos de Djibouti, tendrá una importancia mayor al ofrecer más capacidad de almacenamiento de carga y más eficiencia operacional. Ese proyecto, resultado de una inversión total de US$ 300 millones, es fundamental para el desarrollo del país y se está tornando realidad con la participación de trabajadores de 16 distintas nacionalidades -la mayoría del propio país, hindúes, brasileños, filipinos y etíopes.
Son 16 nacionalidades y un número mayor de idiomas. En algunos países hay más de un idioma oficial, a ejemplo de la India (cuyos principales idiomas son el hundi y el urdú) y de Djibouti (cuyas lenguas oficiales son el árabe y el francés). La diversidad idiomática impresiona, pero las diferencias religiosas son otro lado de ese mosaico cultural: el sitio de obras de Odebrecht en Djibouti. Personas orando, mirando hacia la Meca, ciudad sagrada del Islam en Arabia Saudí, son un panorama frecuente en la obra. En esos momentos, se detiene la producción -debido a un acuerdo entre los trabajadores y la empresa. A parte de los musulmanes están los hindúes, los protestantes, los católicos, los católicos ortodoxos. Diversidad de idiomas y de religiones que también se extiende a la culinaria. Hay en la obra 650 trabajadores y una parte son vegetarianos.
Algunas escenas del cotidiano, absolutamente corrientes para quienes las observan, reflejan con precisión ese gran encuentro cultural. Una mañana de septiembre, en el corredor de la oficina del sitio de obras, Raúl Sánchez le pedía a un compañero, en español, que le enviase un archivo en PDF. Cerca de él, Gashow Terekegn, Lema Alehegn y Edon Tafesse conversan en etíope. Rahma Amoud, sentada en su escritorio, con el teléfono en puño, marcaba pasajes aéreos, en inglés. A los pocos minutos surgía el médico Bruno dell´Aquila, que explicaba, en francés e inglés, la importancia de la ingestión permanente de agua cuando se trabaja bajo un fuerte calor. En una sala ubicada a pocos metros de donde él estaba, Farid Dallal y Pedro Miguel da Silva hablaban en portugués, con acento, respectivamente, de la capital del estado de São Paulo y del norte de Portugal.
Raúl es un ingeniero colombiano de Barranquilla. Gashaw, Lema y Edom son técnicos etíopes. Rahma, secretaria, es de Djibouti. Bruno es francés de Marsella, descendiente de italianos. Ambos ingenieros, Farid es brasileño, hijo de libaneses, y Pedro portugués.
“Hay un gran desafío de comunicación”, dice el Director de Contrato Gustavo Guerra. “Conviven en el sitio de obras personas de varias nacionalidades y la busca por su integración es un esfuerzo intenso y permanente. Aquí, el que sabe comunicarse mejor es más bien sucedido”. Los integrantes con cargo de liderazgo hablan, por lo menos, dos idiomas. Los comunicados de seguridad son elaborados en cinco lenguas. “La experiencia de Djibouti es un gran aprendizaje para Odebrecht”, observa Ciro Barbosa, Responsable de Planeamiento y Desarrollo de Personas en la estructura del Director Superintendente (DS) Alessandro Gomes. El equipo de Alessandro tiene base en Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, en el Medio Oriente, desde donde coordina las actividades de Odebrecht en Djibouti. Los dos países están a una distancia de tres horas, en un viaje en que se sobrevuela por encima del territorio del Iemen y de Arabia Saudí.
“Una ciudad puerto”
Todo ese esfuerzo de comunicación en el sitio de obras está a servicio del cliente de Odebrecht en el proyecto, la Dubai Ports World (DP World), empresa con sede en Dubai, en los Emiratos Árabes Unidos, operadora del puerto de Djibouti. Es la segunda vez que Odebrecht ejecuta un proyecto para este cliente. Entre el 2004 y el 2005, la empresa construyó una terminal de combustible, también en el Puerto de Djibouti.
La DP World decidió invertir en el Puerto de Djibouti en el 2002. La ubicación estratégica del puerto, su importancia para Etiopía y, sobre todo, una fuerte orientación para el comercio en el gobierno de Djibouti indujeron a la empresa de los Emiratos Árabes Unidos a actuar en el país.
“Dubai y Djibouti mantienen buenas relaciones y sus gobiernos están fuertemente inclinados al comercio y al desarrollo económico”, afirma Adnan Al Abbar, Vicepresidente de la DP World. “La expansión del puerto les permitirá una operación en los moldes de los mayores puertos del mundo y tendrá un reflejo muy positivo en la sociedad”. Sobre Odebrecht, con la cual DP World comparte su segunda experiencia, afirma Adnan Al Abbar: “La empresa cuenta con equipos calificados y dedicados, y líderes capaces. Cada integrante de Odebrecht actúa como un embajador de la empresa”.
El empresario de Djibouti Abdourahman Boreh participó decisivamente en la aproximación entre el gobierno de su país y el de Dubai. Fue uno de los que iniciaron el diálogo y promovieron la ida de DP World para Djibouti. “Con la nueva Terminal de Contenedores, Djibouti será el mayor player en la región”, dice.”Por su eficiencia operacional y costos atractivos pasará a ser seleccionada por los nuevos clientes. Djibouti es una ciudad puerto. La ciudad nació del puerto, y no al revés. Con la expansión del mismo desarrollaremos la zona de libre comercio (una estructura que ofrece logística, importación y almacenamiento a los clientes del puerto), el turismo, los servicios, el aeropuerto, y entonces tendremos más casas y escuelas para quienes viven en la ciudad”.
Con un índice de desempleo del 65 por ciento, el puerto de Djibouti es su principal fuente de ingresos. Boreh, es Presidente de Soprim, empresa socia de Odebrecht en el proyecto de la Terminal de Contenedores de Doraleh, observa: “Djibouti necesita proyectos como éste, o sea, obras relevantes para la sociedad, que generen oportunidades de trabajo y otros beneficios sociales de larga escala”.
Patrón internacional de calidad
El ingeniero dominicano Juan Carlos Sahdala, de la DP World, fue fiscal de la primera obra de Odebrecht en Djibouti, donde vivió durante dos años. Con base en Dubai, es responsable de la ejecución de proyectos de la empresa en cinco puertos de tres continentes: Europa (Inglaterra y Turquía), América (Perú y República Dominicana) y África (Djibouti). Sahdala conoce, en la intimidad, las particularidades de la actuación en Djibouti. Hay que importar prácticamente todo, desde el tornillo hasta el equipamiento de gran porte. El clima es otro desafío importante. El hormigón solo puede ser fabricado de noche debido a las altísimas temperaturas durante el día. El trabajo de pintura requiere procedimientos especiales para que el polvo no comprometa la calidad.
Nueva pista del Aeropuerto Internacional de Abu Dhabi
“La experiencia adquirida en la primera obra fue importante para la ejecución del segundo proyecto”, afirma Sahdala. La base para superar esas barreras está en la sinergia, en el compromiso conjunto con el alcance de las metas establecidas y en la complementaridad de capacitaciones, “Hay en Odebrecht más que un simple contratista. Es una relación de sociedad y confianza”, afirma.
Terminal de contenedores de Doraleh
“Esa unión de capacitaciones y principios hizo posible establecer en el puerto Djibouti un patrón de calidad internacional, recibiendo buques de gran porte (hasta 180 mil toneladas). La Terminal de Contenedores de Doraleh tendrá un muelle de 1.050 metros de longitud y 36 metros de ancho; un patio de 36 mil metros cuadrados y un acceso vial de doble vía con 2.050 de longitud y 36 metros de ancho. La Terminal tendrá una capacidad de almacenamiento de dos millones de contenedores por año,
Equipo multicultural
El equipo de la DP World en Djibouti y el de Odebrecht, están integrados por personas de varias nacionalidades. Al igual que Odebrecht, la DP World desempeña una fuerte actuación internacional: opera en 42 puertos y desarrolla otros 12 en América, Europa, África, Asia y Oceanía. “Es un cliente globalizado”, observa el DS Alessandro Gomes. “Y Obrebrecht desea atenderlo en los lugares en que pueda agregarle valor, como en Djibouti, donde hay un gran desafío de logística, y en los países en los cuales la Organización ya está presente, colocando su estructura a disposición del cliente”.
En la sala de la oficina de Odebrecht en Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, Gomes destaca la similitud filosófica entre Odebrecht y la DP World. “Son organizaciones cuyos integrantes de la línea tienen poder de decisión”, observa. “La conversación es cara a cara, con simplicidad y franqueza. En la DP World, al igual que en Odebrecht, las personas tienen orgullo de pertenecer a la empresa, todas se ponen la camiseta y apoyan la ética en los negocios y la calidad de los relacionamientos”.
Alessandro cree que la actual experiencia de Odebrecht en Djibouti es uno de los ejemplos más ricos de la aplicación de la Tecnología Empresarial Odebrecht - TEO en el nuevo ciclo de crecimiento de la empresa, debido a la diversidad cultural presente en el proyecto. “En el sitio de obras de Djibouti conviven musulmanes, hindúes, cristianos, hay gente acostumbrada a distintos sistemas de trabajo. Hay que conocer y entender a las personas y las culturas. Contamos con un equipo multicultural que está ejecutando su segunda obra con base en la TEO”.
Historias de perseverancia e integración
Para que toda esa diversidad resulte en integración y en realizaciones empresariales, hubo que mezclar, en el equipo de Odebrecht, gente con experiencias de profesión y de Odebrecht, personas con conocimiento del mercado local y regional, jóvenes con dominio de idiomas, dispuestos a penetrar en la cultura local. Todo eso para atender a las necesidades del cliente, con calidad y respetando los plazos. “Creo que estamos asistiendo en Djibouti a un modelo que podrá ser reaplicado en otros contratos de Odebrecht”, observa Alessandro Gomes.
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