Deporte
Compromiso reafirmado y pie en el acelerador
Una de las patrocinadoras del Gran Premio Brasil de Fórmula 1, Braskem entrega a los vencedores trofeos fabricados con plástico verde
texto: Eliana Simonetti
fotos: Fernando Maia / Agencia O Globo
En los tres GPs Brasil realizados antes del 2008, los vencedores se llevaron a sus casas trofeos enchapados a plata, con 57 cm de altura y 3,6 kg. Cada uno tarda un mes de fabricación. En la carrera más reciente, el pasado noviembre, lo que se vio en la pista fue increíble: una hermosa carrera con mucha habilidad en los cockpits y adrenalina suelta adentro de los automóviles, en los boxes y en las tribunas. Como premio a los mejores en el conjunto velocidad/tecnología, esta vez fue entregado un trofeo diferente –un símbolo de los nuevos tiempos, no solamente en el Fórmula 1, sino en la vida contemporánea de manera general. Una historia que merece ser contada.
Una conversación informal
Todo empezó un mes antes de la carrera en una reunión entre los líderes y socios de Braskem. En una conversación informal, los temas “plástico verde” y “GP Brasil de Fórmula 1” fueron mencionados en la misma frase. Surgía así la idea de que Braskem patrocinase la competición deportiva y fabricase con plástico verde los trofeos para pilotos y constructores. Ese material es desarrollado en los laboratorios de la empresa en el Polo Petroquímico de Triunfo (Rio Grande do Sul) y, por ser producido a partir del etanol de la caña de azúcar, ambientalmente sostenible, en sustitución al petróleo, fue formalmente reconocido y sumamente receptivo. Pero había más: se agregó a esa idea la de rendir un homenaje al arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, días antes de su 101º cumpleaños.
Braskem desarrolló el polímero verde en Triunfo, Rio Grande do Sul, y proyecta producirlo a escala industrial en el 2011. Pero posee una planta piloto, a la que se le encargó de inmediato dos chapas del material, suficientes para producir los 15 trofeos necesarios. Mientras el equipo de la fábrica se organizaba, un grupo de personas se dirigió al estudio de Oscar Niemeyer en Río de Janeiro. La conversación fue rápida. De buen humor, el arquitecto dibujó la pieza en apenas 15 segundos – un círculo abierto, como un volante de Fórmula 1, con una barra interna que remite a los pilares del Palacio de la Alvorada, en Brasília. “La columna del Alvorada es bien brasileña y todo el mundo la copia”, explicó Niemeyer, autor del proyecto del edificio/residencia de los presidentes de Brasil.
El paso siguiente fue obtener la autorización de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). Acto seguido y al definirse las medidas, se formatearon los bloques. Para esculpirlos, sin embargo, había otro desafío. Y para enfrentarlo Braskem llamó a los socios que tenían en sus fábricas recursos para elaborar moldes con precisión y rapidez (como el Centro Federal de Educación Técnica – Cefet de Sapucaia, en la gran Porto Alegre), sierras y centros de usinado especiales, además de profesionales experimentados. Se necesitaron quince máquinas que se alejaron de sus líneas de producción por 13 horas sin interrupción para realizar el trabajo y concretar el dibujo de Niemeyer – en piezas de cerca de 4 Kg. y 50 cm de altura.
Emoción y sorpresa
Los trofeos quedaron prontos menos de una semana antes de la carrera. Algunas unidades fueron presentadas al público cuando se iniciaron los entrenamientos de definición del grid de partida. “Es un motivo de orgullo para una empresa brasileña presentar, en un evento mundial y de manera pionera, el resultado de inversiones en tecnología comprometidas con la sostenibilidad”, afirmó el Líder Empresarial de Braskem, Bernardo Gradin, cuando mostró la pieza a la prensa, en São Paulo. “Con ese trofeo, Braskem confirma su compromiso con el desarrollo sostenible, con la creatividad y con la vanguardia tecnológica”.
De esa manera, no solamente los 140 invitados de Braskem, sino las cerca de 140 mil personas que concurrieron al Autódromo de Interlagos, además de otros millones que pudieron ver la carrera por televisión, se dieron cuenta que Brasil sería victorioso antes de la partida, debido a la innovación embutida en el premio – que no reproduce el logotipo de la empresa patrocinadora como es común en otras competiciones. “La arquitectura y la obra de arte deben provocar la emoción, la sorpresa. Pienso que este trofeo tiene la marca de lo inusitado”, afirmó Oscar Niemeyer, por e-mail, a Odebrecht Informa.
El duelo entre Massa y Hamilton
La carrera, realizada en la tarde del día 2 de noviembre, también fue llena de sorpresas y emociones. Felipe Massa lideró la carrera de punta a punta. Pero precisaba más que eso para alcanzar el título de campeón mundial: era necesario que hubiera cinco autos entre el suyo y el del inglés Lewis Hamilton para que la diferencia de puntos acumulada en la temporada fuera superada.
La distancia se mantuvo durante gran parte de la carrera, en especial después de la 12º vuelta – y todo indicaba que Massa tenía el título mundial en las manos. Hamilton estaba afuera del grupo de los cinco primeros colocados. En ese momento una fuerte lluvia cayó en el autódromo. Los pilotos pararon en los boxes para cambiar los neumáticos. El público quedó mudo en las tribunas. En la última vuelta, Hamilton todavía ocupaba la sexta posición. Pero en la última curva aceleró y llegó a la quinta posición. Así, después de 5.480 Km. de carrera, el título mundial fue decidido en los 700 metros finales. Massa subió a la cumbre del podio del GP Brasil y fue vice en el campeonato de 2008.
Las esculturas de Niemeyer, de plástico verde de Braskem, fueron entregadas a Felipe Massa, al español Fernando Alonso (segundo colocado) y al finlandés Kimi Raikkonen (tercero), además de la Ferrari, que venció el Campeonato Mundial de Constructores. “Fue la mejor y la carrera más difícil de mi vida”, dijo Hamilton en una rueda de prensa después del evento.
Wilson Cataldi, uno de los principales clientes de Braskem, estaba en las graderías con otros invitados de la empresa. Es motociclista. Le apasionan los autos. Y va al autódromo para asistir al GP Brasil hace 26 años. Estuvo más o menos tranquilo durante dos horas. En un momento salió a comer algo. Pero en las últimas vueltas se le saltaban los ojos con ansiedad desde la pista hasta la televisión instalada frente a él. Cataldi sudó, gritó y se puso rojo. “¡Nunca sufrí tanto en una competición!”.
El empresario/hincha se acordó que en el 2007 hubo también una temporada emocionante, pero faltaba el placer de que un brasileño tuviese chances de vencer el campeonato. Principiante en la F-1, Hamilton llegó al GP Brasil cuatro puntos adelante de su compañero en la escudería McLaren, el español Fernando Alonso, bicampeón mundial. Giró en la pista y pasó a la última posición justo al empezar la carrera. Al final, Kimi Raikkonen, que había largado siete puntos atrás de Hamilton, conquistó el primer título de su carrera. “Fue un gran espectáculo, pero no se compara con el del 2008”, asegura Cataldi.
En su entorno, clientes y socios del mundo de los negocios y del gusto por el deporte estuvieron de acuerdo. Salieron del autódromo satisfechos, integrados en un sentimiento de victoria, no apenas por los títulos de Felipe Massa, sino también por el trofeo, obra de arte ambientalmente correcta. En el camino hacia el hotel, ya planeaban reproducirla e instalarla en sus empresas.