ANGEL DE LA GUARDA

Un proyecto muy familiar

Clases de refuerzo escolar y práctica de deportes forman parte del Proyecto Ángel de la Guarda
con participación de 235 niños, hijos de integrantes de la usina Eldorado, en Mato Grosso del Sur. También se destaca el Proyecto Calificar
Texto: Miucha Andrade
Fotos: Lia Lubambo

Fotos

A partir de la izquierda, Ellen Júlia, Rodrigo y Eliane Félix Pereira: música, teatro, fútbol e Internet

Eliana Félix se casó a los 19 años y tuvo tres hijos con José Pereira da Silva. En el 2005, cuando el matrimonio quedó cesante, salieron de la ciudad natal, Maceió, y fueron a vivir en el interior de Mato Grosso del Sur. Primero se instalaron en Nova Alvorada y después se establecieron en la ciudad vecina de Deodápolis, a 50 Km. de Eldorado, unidad de la ETH Bioenergía. Eliana y José empezaron enseguida a trabajar en la usina: ella, en el comedor; él, en el área de carga. El proyecto Ángel de la Guarda tuvo un papel decisivo en esa nueva etapa de la vida familiar. Apoyado por la ETH y por la Alcaldía de Deodápolis, el proyecto empezó en 1998 como iniciativa de Benedito Coutinho, ex propietario de la usina Eldorado.

En el Ángel de la Guarda, los hijos de Eliana – Rodrigo, Ellen Julia y Eliane- reciben clases de refuerzo de portugués y matemática y conviven con otros 232 niños de 4 a 16 años. Son de familias de baja renta e hijos de integrantes de la ETH (desde gerentes a cortadores de caña), que no tienen donde quedarse mientras los padres trabajan.

Rodrigo tiene 13 años y es el hijo mayor de Eliana. Le interesaron las clases de la escuelita de fútbol, los martes y jueves, y las clases de informática. “Me gusta navegar en Internet y no falto a clase ni un solo día”, afirma. Los varones y mujeres del Proyecto Ángel de la Guarda también juegan al fútbol en las ciudades vecinas, en el campeonato entre las escuelas de la región. Ya fueron a Glória de Dourados, Paranhos, Nova Alvorada y Fátima. Traen medallas y trofeos, que adornan la sala de la coordinadora del proyecto, Silvia Peixoto de Lima.

“Solo pueden jugar al fútbol quienes sacan uma nota por encima de 6 en la escuela formal”, resalta Riverton Francisco de Souza, profesor de Educación Física. Riverton, de 28 años, fue alumno de un proyecto social como el Ángel de la Guarda. Nació en Campo Grande, fue abandonado por la familia, encaminado al Consejo Tutelar y llevado a un asilo para niños. El niño fue adoptado, se graduó y se volvió educador. Recientemente, fue nombrado para el cargo de coordinador asistente de la unidad de Deodápolis, una de las cuatro del Proyecto Ángel de la Guarda.

"Si esos niños no participasen en ese proyecto, estarían en la calle”, afirma Riverton. “Es muy bueno encontrarse con uno de esos niños y ver que está bien, estudiando y recibiéndose”, agrega. “Nuestro trabajo se convierte en una marca y es una referencia para los niños. Muchos, como yo, ya se graduaron en educación física”.

A las hijas de Eliana, Ellen Júlia, de 10 años, y Eliane, de 11 años, les gustan los talleres de música, teatro y artes plásticas. A fin de mes, todos los niños son estimulados a mostrar su desarrollo a los otros compañeros en el concurso Despierta Talento. Ellas también participan de fiestas, recreaciones y paseos en haciendas cerca de la ciudad.


Más confiante y motivada
Las actividades de los hijos en el Ángel de la Guarda le dan a Eliana más confianza y estimulo para trabajar. En mayo, se enteró de la sociedad de la ETH con el Servicio Nacional de Aprendizaje Industrial (Senai) y la Alcaldía de Deodápolis, y se inscribió en el Curso Técnico de Instrumentación. Recibió um ascenso y salió de la cocina para ser auxiliar de instrumentación. “Tuve un aumento de sueldo y la vida empezó a mejorar”, comenta. En el nuevo cargo, trabaja en mantenimiento de válvulas, en el área industrial de la usina.

El curso de Eliana forma parte del Proyecto Cualificar, otra iniciativa de Eldorado. El programa empezó en mayo del 2007, con una primera experiencia que involucró a 15 personas, hijos y familiares cercanos de integrantes, inscriptos en el Curso Técnico de Azúcar y Alcohol del SENAI. “La Idea inicial era mantenerlos por, menos un año, como auxiliares. Tuvo tanto éxito que, en dos meses de proyecto, empezamos a contratarlos”, relata Daniel Dorli, Responsable de Desarrollo de Personas en Eldorado.

Andrea de Jesús es una de esas personas. Invitada por su hermana para participar del Cualificar, estudió y empezó a realizar pasantías en la ETH. A los cinco meses, fue contratada como aprendiz de calderería y, en menos de un año, recibió dos ascensos. Actualmente es operadora II de la Estación de Tratamiento de Agua (ETA) de Eldorado. “Abro la válvula, prendo la bomba, hago cualquier maniobra”, afirma. “Lo que aprendo en el Senai, lo aplico en el trabajo y les enseño a los compañeros”, concluye. Los planes de Andrea incluyen um curso de Calderería y una especialización en ETA. Su objetivo es crecer con la empresa y tornarse líder de su actual sector.

El Proyecto Cualificar evolucionó y beneficia actualmente a 126 personas de la comunidad en más tres cursos técnicos en las áreas de electricidad y mecánica. Las personas de la región que no trabajan aún en la usina tienen la oportunidad de realizar una pasantía en la empresa. Marta Gomes Ferreira, de 32 años, eligió el curso de Mecánica Automotora y realiza una pasantía en el área de gomería de la usina. Antes, trabajaba en un hospital y en casas de familia. “Ahora parcheo los neumáticos y aprendo todo lo que se refiere a servicios mecánicos”, afirma. Su compañero de clase, Maurício Alves Saraiva, trabaja en la manutención de las cosechadoras. Como vino de otra ciudad, recibe, además del transporte, una beca de R$ 300,00 por mes, alojamiento em la Vila Ipezal, conjunto de 110 casas construidas para alojar a los integrantes de Eldorado. “Confían mucho en nosotros”, observa Maurício, de 24 años.

El criterio de admisión es sencillo: las personas que pasan en el proceso selectivo del Senai y en las entrevistas de la ETH son contratadas. “Son monitoreadas por un integrante y preparadas para vencer”, destaca Elias do Prado, Supervisor de Entrenamiento de Operaciones de Eldorado. “Con el proceso de calificación que tenemos aquí, ellos serán los mejores del mercado”, asegura.

A medida que van surgiendo vacancias, la ETH contrata a esos pasantes, en la unidad Eldorado y en las otras dos que están en etapa de implantación en la ciudad de Nova Alvorada. Se estima que la unidad Santa Luzia I empezará a funcionar en el 2009, y la de Santa Luzia II, en el 2010.

Eliana Félix estudia en el turno de la noche, de lunes a sábado, de las 17h15 a las 21h15, despúes de una jornada de trabajo de seis horas. Ella paga R$ 52,00 mensuales por el curso de 18 meses, que la ayuda en su día a día profesional, aliando la teoría a la práctica. “Cansar, cansa”, admite. Ella descansa un día por semana después de siete días de trabajo y tiene poco tiempo para ocuparse de la casa. Su esposo, José, es actualmente líder del frente de cargas de Eldorado, en el turno de las 9h20 a las 20 horas. En la división de tareas domésticas, él apoya a Eliana lavando la vajilla y manteniendo la casa limpia y organizada. “Un esposo difícil de encontrar”, bromea.

Para pasar el poco tiempo que le sobra para ser madre, esposa y profesional, Eliana adopta, como una de sus estrategias, la distribución de tareas entre los hijos. Cada uno tiene una responsabilidad dentro de la casa y realiza diariamente las actividades determinadas por la madre: “Si vas a mi casa ahora vas a ver que está todo en orden”, desafía.

A los 34 años, Eliana está orgullosa al decir que la recompensa por ese esfuerzo es darle a los hijos un futuro mejor. “Nuestra vida cambió desde que llegamos a Mato Grosso del Sur”, resalta. “En 14 años de matrimonio, jamás tuve tantas conquistas como en esos últimos tres años”. Su rostro expresa el cansancio de días corriendo y agitándose, pero, asimismo, la tranquilidad de saber que pretende pasar la experiência como ejemplo necesario para el futuro de Rodrigo, Ellen Júlia y Eliane.

Alumnos en la Escuela Estadual Vó NinaLa abuela Nina
y sus 340 “nietos”


En 1988, después de 10 años de la inauguración de la Destilería Alcídia, el Gobierno de São Paulo construyó la Escuela Estadual Vó Nina, en el área de cultivo de caña de azúcar.

Los antiguos propietarios de la destilería, Lamartine Navarro Júnior y Ruyter Silveira, apoyaron la iniciativa y donaron el terreno.

Al principio, la escuela recibía niños de 1ª a 4ª series de la Enseñanza Fundamental. A los siete meses de inaugurada, la escuela empezó a ofrecer también cursos de Educación Infantil, Enseñanza Secundaria y Educación de Jóvenes y Adultos (EJA), en turnos por la mañana, tarde y noche.

Actualmente la escuela recibe 340 alumnos, de 5 a 58 años. Son integrantes de la ETH, hijos de integrantes y asentados de la comunidad rural vecina a la destilería. En el asentamiento Laudenor de Souza, más 30 alumnos estudian en otra escuela asociada a la Vó Nina.

La ETH, por medio de la Destilería Alcídia, apoya a las dos escuelas: trámites referentes a ciudadanía, alumbrado, recolección de basura, limpieza de la fosa séptica, suministro de material de limpieza, dedetización y servicios de jardinería.