Evolución continua
Creada en 1965, la Fundación Odebrecht actúa hoy en el Bajo Sur de Bahía, contribuyendo para reducir la pobreza y el aumentar la inclusión social
Texto: Vivian Barbosa
Fotos: Eduardo Moody
Maria Antônia dos Santos, Cremilda dos Santos y Renilde dos Santos, Integrantes de la Cooperativa de Productoras y Productores Rurales del Área de Protección Ambiental del Pratigí: capital productivo
Cuando fue creada, en 1965, la Fundación Odebrecht tenía una misión: extender a los integrantes de la Construtora Norberto Odebrecht los beneficios que la Previsión Social no abarcaba. El desafío era ofrecer a las familias de los “odebrechtianos” mejores condiciones de educar a sus hijos de manera digna, contribuyendo así para la formación de las nuevas generaciones.
En algunos años, la institución ya aseguraba asistencia médico hospitalar, primeros auxilios, servicios odontológicos, farmacéuticos, educacionales y recreativos. El crecimiento de la constructora exigió una escala mayor de los beneficios generados. En 1978, existían 19 centros de apoyo creados para dar asistencia a los trabajadores en obras. En esos centros, el integrante y sus dependientes tenían acceso a cursos de alfabetización y profesionalización y podían pleitear préstamos para la construcción o restauraciones en la casa propia.
Esta actuación se desarrolló hasta el comienzo de los años ‘80, cuando el Consejo de Curadores encaminó las actividades para cuestiones de interés público. Intelectuales de todo Brasil fueron movilizados por medio de la institución de premios y de la promoción de debates políticos y académicos, cuyas perspectivas eran ayudar al Gobierno a resolver problemas sociales.
“Todo el proceso evolutivo vivido permitió que la Fundación Odebrecht desarrollase el espíritu del tiempo, previendo hechos, identificando tendencias y ajustándose a ellas”, afirma Norberto Odebrecht. En 1988, se tomó una decisión importante: estimulada por el desafío de desarrollar metodologías y estrategias de intervención social en la comunidad, la Fundación concentró el foco en la juventud brasileña. Al constatar el potencial de los jóvenes como fuente de libertad, iniciativa y compromiso, coordinó diversos programas, en grandes centros urbanos, que buscaban mejorar la calidad en las áreas de educación, trabajo, salud, ciudadanía y voluntariado.
A fines de la década de los ‘90, el área de actuación se concentró en el nordeste brasileño, con destaque en las regiones de bajos índices de Desarrollo Humano y fuera del eje dinámico de la economía nacional. En 1999, la institución se instaló en el Bajo Sur de Bahía, donde se perpetuaba un círculo vicioso de exclusión social, carencia y degradación.
Maurício Medeiros, Presidente Ejecutivo de la Fundación Odebrecht, afirma que para revertir ese cuadro no era suficiente llevar a los jóvenes solo educación rural de calidad. “Había que ocuparse de los nacimientos de los ríos, proteger el Monte Atlántico y asegurar un medio ambiente saludable”, explica. Según él también había que ofrecer oportunidades de trabajo digno y distribución de renta justa, señalando que conservar es mucho más conveniente y rentable que destruir. “Y posibilitar que los jóvenes y sus familias tuviesen acceso a la justicia y pudiesen ejercer plenamente su ciudadanía”, agrega.
El conjunto de iniciativas que componen el Programa de Desarrollo Integrado y Sostenible del Bajo Sur de Bahía, con foco en el Área de Protección Ambiental (APA) del Pratigí, se destina a transformar la realidad socio económica de quienes viven en esa región. Están siendo ejecutados 13 proyectos, contribuyendo para la realización personal y profesional de cerca de 900 jóvenes y sus familias, en locales donde nacieron y quieren vivir. “El resultado llevará, seguramente, a la construcción de un modelo de desarrollo sostenible que podrá ser reaplicado en otras regiones de Bahía, de Brasil y del mundo”, finaliza Medeiros.
