Diluvio de optimismo
En la Llanura de Maracaibo, en Venezuela, una obra de riego se transforma en una iniciativa modelo
de desarrollo económico y social integrado
Texto: Luciano Martins-Costa
Fotos: Alfredo Allaiz
Fotos
Vecinos de Laberinto
Abram González, de 38 años, y su esposa, Alzira Vera Viche, vivían hasta el primer semestre del 2008 en uno de los asentamientos que forman el municipio de Jesús Enrique Lozada, en el noroeste del estado de Zulia, región venezolana en la frontera de Colombia. Sus tres hijos no iban a la escuela con regularidad, las aguas residuales invadían la casa con frecuencia y la violencia limitaba la movilidad de la familia.
A principios de año, Abram empezó a participar del programa de selección de vecinos para la ciudad comunal de Laberinto, que estaba siendo construida por Odebrecht al lado de uno de los tramos del canal de riego El Diluvio Palmar. Hoy en día, el matrimonio ocupa su nueva casa, con tres hijos y dos sobrinos, cuyos padres están esperando las llaves de la nueva residencia. Otros parientes y amigos recibieron casas en las proximidades, y la comunidad empieza a vivir en condiciones más saludables y seguras. Instalados hacía pocas semanas, ya habían plantado maíz y hacían grandes planes. “Ahora podemos pensar en el futuro, los niños van a la escuela, tenemos una casa limpia y confortable”, observa Alzira. “Donde vivíamos antes los niños no podían estudiar, no había agua, no se podía salir de noche y las aguas servidas invadían nuestras casas”, afirma.
Vicente González, 27 años, vivía en la casa de la abuela de su esposa, no tenía trabajo fijo y no podía estudiar cuando se inscribió entre los pioneros. Fue uno de los cinco jóvenes entrenados por la firma estatal Hidrolago – Hidrológica del Lago de Maracaibo – y ahora trabaja en la potabilización del agua de Laberinto. Además, estudia de noche en cursos de preservación de la cultura indígena y se dedica al trabajo voluntario en educación de adolescentes.
A Vinaluz, Deglenis y Denire, hijas del líder comunitário Julio González y sobrinas de la líder comunitaria Maritza, la matriarca de la comunidad wayúu, les encanta la nueva casa de la familia. “Ahora tenemos la mejor casa de la ciudad y conservamos las tradiciones”, dice Vinaluz, que pretende estudiar magisterio. Para Deglenis, el proyecto que empezó con el sistema de riego Diluvio-Palmar “es algo muy bueno que nos está pasando. En agosto pasado ella fue a conocer la obra, en una excursión con otras personas de la comunidad, y cree que este año, el 12 de octubre, que los wayúus de Venezuela y Colombia conmemoran como el Día de la Resistencia Indígena, tuvo un sentido diferente. “Tuvimos más motivos para armar la fiesta”, afirma.
Inicio con apoyo militar
Cuando llegaron a la Llanura, en el 2003, para empezar los trabajos del Canal Diluvio-Palmar, los empresarios de Odebrecht se dieron cuenta que existía una organización familiar propia –casi todos son descendientes de los wayúus y adoptaron el apellido González-, el orgullo de las tradiciones indígenas y una vocación para la agricultura la pecuaria en pequeñas extensiones.
Al llegar al municipio de Jesús Enrique Lozada se enteraron que había que contar con apoyo militar para circular por las precarias vías de la región. Sin la presencia del Estado, el que se aventurase por esa zona tendría que someterse a la “vacuna” que había que pagar a las milicias armadas, como tasa de protección, lo que fue descartado desde el principio. Eventualmente, los equipos de topografia se topaban con columnas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC. A cerca de 30 Km. de la frontera y bajo influencia de grupos guerrilleros, la obra representaba un esfuerzo del Estado venezolano para recuperar la soberanía sobre el territorio, apoyar la explotación de tierras fértiles de la región y mejorar la calidad de vida de los habitantes.
El proyecto nació, como negocio, de un contrato firmado en el 2000 e iniciado en el 2003 para construir el sistema de riego El Diluvio-Palmar, por valor de US$ 137 millones. El agua sería captada en la Represa Tres Ríos a través de 9 Km. de tubos enterrados, de 3 m de diámetro, aproximadamente, y distribuida en 39 Km. de canales principales y una red de canales secundarios. Lo que sería uma obra de ingeniería empezó a transformarse y fue ampliada para US$ 1.866 millones. Dejó de ser solamente una obra física para convertirse en el embrión de un ambicioso modelo de desarrollo económico y social integrado –el Proyecto Agrario Socialista Llanura de Maracaibo-, cuyos beneficios potenciales se extienden por cerca de 500 mil hectáreas em el territorio que va desde el Caribe hasta la frontera con Colombia. En el aspecto ambiental, representa una propuesta de ocupación organizada que integra actividades productivas rurales, núcleos urbanos planeados y dotados de uma infraestructura completa y reduce drásticamente las presiones sobre el patrimonio natural de la región.
Proyecto sostenible
El proyecto empezó con un sistema hidráulico endógeno destinado al desarrollo agrícola, evolucionó para actividades para rescatar la soberanía del Estado sobre la región: se instalaron tres unidades militares integradas a la infraestructura de las ciudades que ofrece resultados económicos y sociales, estimulando las cadenas productivas locales. Uma red vial de 250 Km., en construcción, asegurará el transporte de la producción y el movimiento de la población. Lo que era un sistema de tubos y canales se ha convertido en um proyecto de vida para miles de ciudadanos, con un potencial productivo de 478 mil toneladas anuales de alimentos.
“En el aspecto ambiental, el proyecto representa una propuesta
de ocupación organizada que integra núcleos urbanos planeados”
Modelo de vanguardia
El objetivo es producir con una ganancia social significativa para las comunidades involucradas y asegurar que la iniciativa ayude a preservar el patrimonio ambiental. Iván Joventino, Director de Contrato de Odebrecht em el Proyecto Agrario Socialista Llanura de Maracaibo, y su equipo de 4 mil colaboradores, están empeñados en ese tipo de obra: “Soñamos el sueño del cliente, y lo estamos realizando juntos”, dice Joventino.
“Se trata de una innovación en obras públicas, um caso inédito de empresa de ingeniería y construcción que produce desarrollo económico y social integrado, hecho comprobado por el propio cliente y la sociedad”, observa Joventino, recordando que el desarrollo de los hechos demostró que no se trata de un proyecto de ingeniería com responsabilidad social, sino de un modelo de vanguardia en las actividades de la iniciativa privada por el desarrollo. “Estamos creando oportunidades de negocio para proveedores y transformando vectores antagónicos en fuerzas a favor del deseo del cliente, uniendo los propósitos de todos los protagonistas”, observa.
Para realizar ese tipo de trabajo hay que contar com profesionales especiales, personas capaces de lidiar con diversas variables y con ecuaciones mucho más complejas. “Todo tipo de proyecto se puede convertir en un instrumento de desarrollo económico y social”, observa Joventino “Desde que se identifiquen las vocaciones locales, se estudien los potenciales de las cadenas productivas y, sobre todo, se respeten las características culturales”.
Cuando se constató el potencial del proyecto para realizar el sueño del cliente, el equipo abrió las opciones de recursos y se asesoró con socios como el Campo de Consultoría y Agronegocios, empresa fundada hace 30 años para desarrollar el programa agrícola del altiplano brasileño: la Diagonal Urbana, especialista en tecnologías sociales; y la consagrada Embrapa, (Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria), que estableció un convenio con el Inia (Instituto Nacional de Investigación Agrícola), de Venezuela, para transferir tecnología.
“Ofrecemos asesoramiento y acompañamos la implantación, hasta la última cosecha, pasándole conocimiento al cliente y la comunidad”, dice César Rizio, coordinador del proyecto agropecuario a cargo de Campo Consultoría”. Según José Blázquez, responsable de Odebrecht del programa de desarrollo agrícola, “ese es el sueño de todo técnico de campo, o sea, ver surgir de la nada un conjunto que representa a la vez renta para las familias, casa propia, educación y una perspectiva de futuro”.
La transformación de la obra original en un proyecto de desarrollo integrado demandó la aplicación de nuevas tecnologías, como la que resultó en la creación de materiales y técnicas de casas bioclimáticas, solución arquitectonica y constructiva que permite controlar las condiciones climáticas de la región, reduciendo en hasta 100C la temperatura interna, con respecto al ambiente externo. Aparte, las tecnologías sociales ofrecidas por la Diagonal Urbana permitieron identificar y capacitar a líderes comunitarios, quienes, con la asistencia de sociólogos, antropólogos y técnicos, vencieron la influencia de grupos de criminales y se organizaron de acuerdo con sus tradiciones culturales.
Según Isolda Leitão, Directora de Proyecto de la Diagonal Urbana, uno de los momentos más emocionantes del trabajo tuvo lugar cuando le entregaron a la comunidad los cuadernos de capacitación, con versiones en español y en wayuunaiki, el dialecto de los wayúus. “Algunos lloraban de emoción, pues nunca habían visto una publicación en su lengua y muchos no saben hablar español”, cuenta Isolda.
El trabajo de ocupación de la ciudad comunal de Laberinto prosigue y se desarrollan a la vez obras en las otras comunidades. Todas las familias son preparadas y acompañadas hasta que se mudan a las nuevas casas y siguen recibiendo asistencia durante el periodo de adaptación. El trabajo es monitoreado por medio del equipamiento GPS (Global Pisitioning System) y genera un mapa social geo-referenciado, a partir del cual se puede ubicar a la familia y acompañar su adaptación, con indicadores que evalúan los niveles de convivencia y productividad.
Ciudades comunales
Cuando esté completo, el programa de identificación y selección habrá capacitado a cerca de 11 mil jefes de familia –cerca de 55 mil habitantes- que poblarán las cinco ciudades comunales que se están construyendo a lo largo del principal canal de riego, en una superficie de 20 mil hectáreas ocupada en esta etapa del proyecto. Antes de fines de agosto, ya se habían contactado 1.700 familias, de las cuales se seleccionaron 1.459. La preferencia es de matrimonios con hijos y familias con vocación para la vida rural y algunas características: adaptación, compromiso con la educación de los niños, temperamento adecuado a la vida en comunidad. Los participantes son capacitados en programas asociativos y de educación ambiental.
“Cada familia pasa a vivir en casas de 96 m2 con agua corriente
potable, tratamiento de cloacas y electricidad”
Cada familia pasa a vivir en una casa de 96 m2 en un terreno de 500 m2, con agua corriente, tratamiento de sumideros y electricidad, además de participar de la cooperativa agrícola El proyecto urbano estuvo a cargo del arquitecto venezolano José Fructuoso Vivas, socio del brasileño Oscar Niemeyer en la construcción del Museo de Arte Moderno de Caracas. Sus ideas pueden ser admiradas en la ciudad comunal Laberinto, donde ya estaban instaladas desde agosto 200 familias. La ciudad cuenta con servicio de transporte, huerto colectivo, mercado popular, escuela, equipamientos deportivos, plaza cívica, un centro médico alimentado con energía solar y otros beneficios, como una estación de radio, base de telefonía celular. Desde el centro de apoyo comunitario podemos observar todos los elementos del proyecto. Las residencias fueron planeadas para la vida comunitaria y productiva; los estacionamientos son colectivos, las áreas alrededor de las casas tienen jardines y bicisendas, las personas, cuando salen de sus casas, se vem estimuladas al contacto con las otras familias y el acceso a las áreas de cultivo y de trabajo es facilitado.
Cada ciudad cuenta con un área para agricultura, pecuaria y procesamiento de alimentos. Además de los jardines, de la quinta y del huerto comunitario, en la parte urbana, las ciudades cuentan con un tanque para piscicultura, praderas, sistemas de cultivo protegido, corrales, máquinas de ordeñar automáticas, procesadoras para enfriamiento, pasteurización y envase de la leche. Además de sistemas para embalar hortalizas, frutas, tubérculos y cereales. Los productos tendrán destino seguro: serán adquiridos por dos redes estatales de distribución de géneros, que los revenderán a la población a precios bajos: sin intermediarios, en el concepto llamado mercado justo, incrementando el programa nacional de seguridad alimentar. La producción pecuária empezó con un rebaño de dos mil cabezas de ganado seleccionado en el estado brasileño de Minas Gerais con apoyo de Embrapa, fue importado y está listo para multiplicarse.
