CULTURA II

En el palco

Conozca las historias de seis vencedores del Premio Braskem de Teatro y de Cultura y Arte.
Ellos fueron estimulados a poner en escena ideas creativas
Texto: Denise Ribeiro
Fotos: Almir Bindilatti

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João Miguel: “Me comuniqué con gente que nunca había ido al teatro”

Pocas cosas son más gratificantes para un artista que se reconozca su obra. Especialmente cuando ese reconocimiento permite que él saque del cajón aquel proyecto guardado durante años. Por eso, dar una vuelta por Salvador escuchando los sueños y realizaciones de algunos de los vencedores de dos premios Braskem –el del Teatro y el de Cultura y Arte – es un trabajo que satisface a cualquier humanista.

Personas como el director de teatro Ângelo Flavio, que enfrentó la pobreza, el hambre y la burla de los compañeros de la universidad porque no dominaba bien el portugués, nos dan la medida exacta del alcance del premio. Ângelo resultó dos veces vencedor: fue actor revelación en el 2005 y triunfó en el 2007 como organizador del grupo revelación, el CAN (Colectivo de Actores Negros Abdias Nascimento), nombre que rinde homenaje al artista, activista político, profesor y ex senador paulista, de 98 años, fundador del Teatro Experimental Negro en 1944.

Ângelo, que en el año 2000 era el único afro descendiente del grupo de Dirección Teatral de la Universidad Federal de Bahía (UFBA), actualmente es invitado para coordinar el trabajo de actores en películas y dirigir lecturas dramatizadas en otros estados, como Río de Janeiro. Claro que el mérito es de él. Pero el Premio Braskem de Teatro puso en evidencia sin duda un talento nato, mostrando que valoriza los esfuerzos individuales y colectivos a favor del arte. “El Premio Braskem tiene el mérito de convertir su movilización en una referencia para que los demás se movilicen”, aclara el director, capaz de citar a Niestzsche y los primordios del teatro griego, durante conversaciones en un café en el barrio del Pelourinho.


João Miguel: “La premiación fue un divisor de águas en mi carrera”


Hubo mucho estudio y sacrificio para que Ângelo lograse trasponer para un espacio escénico sus reflexiones éticas, estéticas, políticas, filosóficas, culturales. “La lectura me salvó, me ayudó a organizar los pensamientos. El teatro me invitó a salir de mi eje, a vivir el otro”, revela.

Divisor de aguas
Esa inquietud de intentar traducir el universo ajeno también incide en el trabajo del actor João Miguel, uno de los ejemplos más elocuentes de la repercusión del premio. Su investigación de cuatro años sobre la vida y la obra del artista plástico Arthur Bispo do Rosario, esquizofrénico, fallecido en 1989, rindió un espectáculo contundente ,“Bispo, el Señor del Laberinto” (dirigida por Edgard Navarro).

“El espectáculo nació con mucha fuerza, casi como un grito. Fue un trabajo en conjunto, realizado por um equipo dedicado, empeñado”, comenta el protagonista del montaje, una alusión a los 50 años en que el genial artista plástico, famoso por los mantos bordados con hilos deshilachados, permaneció confinado en un hospital psiquiátrico de Río de Janeiro.Hubo mucho estudio y sacrificio para que Ângelo lograse trasponer para un espacio escénico sus reflexiones éticas, estéticas, políticas, filosóficas, culturales. “La lectura me salvó, me ayudó a organizar los pensamientos. El teatro me invitó a salir de mi eje, a vivir el otro”, revela.

Al elegir a João Miguel como actor revelación en el 2001, el Premio Braskem permitió que la atención de los medios, de los críticos y de otros creadores se volviese hacia él. Invitaciones y más invitaciones de trabajo se sucedieron y actualmente el actor puede ser considerado uno de los más codiciados intérpretes de la actualidad. Sus personajes en “Cine, Aspirinas y Urubus” y en el reciente “Estómago” integran la galería de tipos inolvidables del cine brasileño.

“La premiación fue un divisor de aguas en mi carrera”, reconoce João Miguel. “Después, hubo más 15 ó 16”, comenta medio intimidado. El espectáculo “Bispo, el Señor del Laberinto” tuvo una larga trayectoria y fue presentado en teatros y en escenarios improvisados de todo Brasil. “Me comuniqué con gente que nunca había ido al teatro. Quedé muy contento por vencer con un trabajo completamente de mi autoría, independiente. Ello me permitió dialogar con el mercado como actor artesanal, que le gusta investigar, preguntar”, declara.

La forma de un sueño
No es en vano que todos los años la comunidad artística de Bahía espera con ansiedad la lista de los premiados. Es la oportunidad que vislumbran de lograr, además de visibilidad, apoyo material y logístico para que sus libros sean editados, sus CDs grabados, sus películas producidas, sus obras expuestas. Para dar forma y contenido a todos esos anhelos, Braskem invirtió en el 2007 R$ 1,15 millón en los dos premios, que ya se convirtieron en una tradición en el mercado de artes de Bahía.

Artes en todas sus vertientes, como la inmensa instalación que Ramon Melo mostró en el Museo de Arte Moderno de Salvador. Uno de los proyectos vencedores, entre los 39 analizados en el 2007, "Tamplastia" reune 500 mil tapitas de plástico en mandalas y espirales flexibles que provocan los sentidos con sus composiciones cromáticas. El trabajo performático de Rass (nombre artístico de Maurício Topal de Moraes) fue el otro premiado.

Ramón egresó de la Escuela de Bellas Artes de la UFBA, donde participó de diversas muestras colectivas. “El premio es para mí como una graduación anticipada”, conmemora el artista, radiante en ver su trabajo organizado en un catálogo con la póliza de los críticos. Además del aspecto lúdico, que instigará el visitante de la exposición a interactuar con las obras, Ramon resalta el carácter “sostenible” de su Tamplastia: “Creo importante dar otro destino a un material industrial, como el plástico”.

Él señala, asimismo, la importancia de colocar bajo las luces las artes plásticas, poco accesibles al gran público. “El bahiano no prestigia ese tipo de arte, que no despierta el mismo interés que el fútbol, el samba, el axé”, Por eso, tener la oportunidad de mostrar su experiencia en talleres gratuitos, invitado por Braskem, agrada al artista. “Es uma forma de diseminar técnicas de aprovechamiento del plástico inclusive para las cooperativas”, observa.

De médico y loco....
Al igual que las artes plásticas, la poesía es otra forma de expresión artística de transmisión limitada. A no ser que se convierta en letra de música famosa. Que lo diga Álvaro Herculano Barbosa Neto, uno de los premiados en la categoría Literatura, con la antología de mini cuentos titulada Cinema - El niño prodigio de Santo Amaro da Purificação, que solo aprendió a escribir a los 5 años, probó el sabor del éxito cuando compuso una letra para el cantautor Fagner. Con música de Roberto Mendes, la canción Faz de Conta se convirtió en tema de una telenovela brasileña de la TV Globo.

Con justamente la telenovela, género que el joven de 30 años, loco por cine alternativo y canciones pensantes, abomina. Su negocio es hacer guiones de cortos metrajes, poesía, música buena y experimentos multimedia. Herculano tiene la mirada desestimulada de los que sufren para crear y dice que escribe porque no tiene otra alternativa. “Trato de registrar en el papel aquellas ideas que me pasan por la cabeza, si no me pongo angustiado”, admite. “Es como una catarsis, una psicografía”.

Tímido y reflexivo, hasta los 10 años de edad se entretenía inventando un universo paralelo rico en imágenes que después se convirtieron en dibujos animados. En la soledad de su cuarto en Santo Amaro, desde donde se mudo a los 23 años y se fue a vivir a Salvador, Herculano libró batallas existenciales que moldearon su visión del mundo. De los cantantes Novos Bahianos a The Doors, pasando por The Smiths y los Titãs, de Arnaldo Antunes, encontró respaldo en las letras de músicas para la mayoría de sus angustias.

A Transa, de Caetano Veloso, un disco síntesis de esse período, lo transformó en novela posmoderna, publicada en el sitio literario Mojobooks. A pesar de tanta actividad intelectual, ese lector voraz de Manuel Bandeira y de los contemporáneos Cacaso, Paulo Leminski y Chacal no se considera un poeta. “Si me saludan por la calle, miro. Si me dicen poeta, no”, se esquiva, agregando que “de médico, poeta, técnico de fútbol y loco todos tenemos un poco”.

Herculano está contento con el lanzamiento de Cinema, que inclusive no habla de cine. “Son mini cuentos con personajes”, explica sobre el libro que finalmente salió del cajón después de cinco años. “Gracias al apoyo del Premio Braskem logré divulgar la obra y pasé a ser conocido en el medio literario. Inclusive el libro se vende bien”, bromea el poeta, que aun tiene dos libros inéditos– uno de cuentos y otro de poesía.

Con Carlos Drummond de Andrade comparte coincidencias: las saudades de la tierra natal, que el cambio para la ciudad grande solo aumenta, y la adaptación a la vida tranquila y sin encanto de funcionario público. Pero si Drummond regresó pocas veces a la ciudad de Itabira, Herculano suele ir todos los fines de semana a Santo Amaro. “Me vine a Salvador porque mi ciudad se puso melancólica, no ofrece condiciones de trabajo”, afirma. Pero la sencillez de los afectos en Santo Amaro sigue siendo su guía. “Allá soy apenas el nieto de Herculano”. Allá, hasta Caetano Veloso y Bethânia son apenas los hijos de doña Canô."

Celebración de la vida
Otra “extranjera” en Salvador, solo que perfectamente integrada a los movimientos de la ciudad, es la paraense Claudia Cunha, vencedora del Premio Braskem de Arte y Cultura en la categoría Música Vocal. En su confortable apartamento en el barrio de Barris, la cantante de voz Dulce escucha la versión final del CD, un mix de coco, baião, samba, jazz y música popular, lanzado a fines de agosto.

Los 60 mil reales del premio fueron suficientes para que Claudia se rodease de pequeños lujos. “Ese es el premio más importante del escenario musical de Bahía. Es gratificante poder grabar en buenos estudios, con buenos músicos. Permite finalizaciones detalladas, con armonías y arreglos sofisticados”, observa la especialista, que da clases a otros intérpretes: canto, repertorio y preparación vocal.

Claudia, que hace 12 años vive en Salvador, donde se casó y tiene una hija, elogia la libertad que disfrutó en la hora de grabar. “No hubo ninguna imposición artística o estética. Me dejaron libre para hacer lo que quisiese”, conmemora la vencedora de otros dos premios tradicionales del Estado: el Trofeo Caymmi y el de la Radio Educadora.

En el CD Responde a Roda, producido por el compositor de Minas Gerais Sérgio Santos, que ella conoció en el forum My Space de Internet, Claudia muestra también canciones propias – la que da el título al disco es una de ellas, compuesta en sociedad con Manoela Rodrigues, otra vencedora de ediciones anteriores del Premio Braskem. Ella define el trabajo como un disco vinculado a la cultura popular, que remite a manifestaciones musicales tradicionales, en el contexto de ciudades pequeñas. “Soy de Salvador, escucho a Tom Jobim. Entonces intenté hacer la síntesis entre esa energia urbana y la emoción que observo en las fiestas del interior”, compara la joven, que compone en el piano de su casa, toca la guitarra y es una aplicadísima percusionista.

Del período en que no había ni espacio para presentarse, Claudia guarda distancia. “En los años ‘90 hubo um desbande de artistas hacia el sureste, porque dominaba el axé. Él que producía Musica Popular Brasileña (MPB) o música instrumental hizo lo que pudo”, recuerda. Ella sobrevivió dando clases en la universidad y en la Ong Prakatum, de Carlinhos Brown. “Me pasé tres años sin cantar”, lamenta.

Poco a poco Cláudia fue retomando la interpretación, con foco en el samba y en el chorinho (música instrumental brasileña). Se presentó con grupos de renombre como Os Ingenuos, que en 1977 fundó el Clube do Choro –pasaje obligatorio de Paulinho da Viola, Altamiro Carrilho, Abel Ferreira y Waldir Azevedo cuando estaban en Salvador. “Por suerte, en los últimos años el público viene buscando otros escenarios, me doy cuenta que hasta la música instrumental logró más visibilidad”, argumenta.

La persistencia de Cláudia no fue en vano. La compositora, instrumentista, estudiosa e intérprete tiene ahora un pasaporte digno para la profesionalización –y que puede comprobarse en el www.myspace.com/claudiacunha. Su voz límpida y afinadísima va entonando las canciones del CD y, al escucharla, uno entiende por qué el canto es el lenguaje de los ángeles.


La voz de los esclavizados
El que trabaja sin descanso, pero con la mayor disposición, es el animador y arquitecto bahiano José Vieira de Vasconcelos Neto, 51 años. Tres piezas de su apartamento en la Barra se transformaron en un estudio de creación de la película Prisioneiro na Torre, guión de animación premiado en la categoría Cine.

Una cortina de tela negra, extendida de lado a lado en la parte más grande de la sala, funciona como telón de fondo para las escenas tomadas dentro de un inmenso cubo calado, de tablas de madera. En realidad, lo que Zé Vieira necesita es capturar la dinámica de los movimientos de los actores, para que puedan ser reproducidos com fidelidad por sus personajes virtuales. Un trabajo que, además de rigor técnico, exige dominio de una serie de herramientas innovadoras, muchas de ellas sin metodologia desarrollada.

“La gente de la Universidad Federal de Bahía me está ayudando a utilizar varios programas de software libre, muy modernos y eficientes, pero que requieren estudio. No existe un paquete pronto para la animación, y termina siendo un aprendizaje a la fuerza y una carrera contra el reloj, porque los programas sufren modificaciones a um ritmo veloz y tenemos que adaptarnos”, explica el director, un persistente investigador de hechos poco divulgados de nuestra historia.

Prisionero en la Torre, que transcurre a fines del siglo XVIII, es un libelo a favor de la liberación de los esclavos. “Tuve esa idea hace dos años, paseando por Andaraí, cerca de Lençóis, aquí en Bahía. Me enteré que quienes se refugiasen en un quilombo (local de refugio de los esclavos en Brasil) no podrían volver, para no ser obligados, si fuesen capturados, a revelar el local del escondrijo. Pero traté de contar la historia desde el punto de vista de los esclavizados. De esa vez, el narrador no será el blanco, el europeo, el colonizador”, aclara.

Para dar forma al guión premiado, los personajes fueron moldeados en 3D por el artista plástico Felipe Santana y los actores invitados para prestar su voz a los cinco personajes: el prisionero, la hija de santo (novia de él), el capoeira, el cura, el cochero. “Evelyn Bucheggel, Luís Pepeu y Lucio Tranchesi son muy conceptuados en el medio teatral. Hicieron un trabajo maravilloso. La voz es estratégica en una película de animación, pues da vida al personaje”, comenta.

Otro desafío vencido por el cineasta fue encontrar referencias de objetos utilizados en el siglo XVIII. “No hay imágenes disponibles. ¿Cómo eran las armas en aquel tiempo? Los grabados de Debret (Jean-Baptiste Debret, pintor francés, 1768-1818) y Rugendas (Johann Moritz Rugendas, pintor alemán, 1802-1858) retratan el siglo XIX. Después de mucha investigación encontré un libro de la época”, comenta, señalando en la computadora el modelo de carruaje que reproduce en escena.

Totalmente sumergido en el proyecto desde enero, Zé Vieira agradece la oportunidad de poder ejecutar un sueño. “La película fue una válvula de escape, en el sentido de organizar experiencias y nuevos encares. A parte de abrir espacio para un guión de animación, que hace algunos años ni siquiera era llevado en consideración en prêmios de incentivo a la cultura”, explica.

Pero no hay nada que se pueda comparar al placer de poder mostrar al mundo la riqueza de nuestra historia: “Me fascina. Quise hacer un contrapunto a esa carga de información de imagen que recibimos de películas chinas, japonesas, nórdicas. ¡El Señor de los Anillos tiene hasta un juego de computadora!” De ahí el empeño del cineasta em impregnar de atmósfera barroca su Prisionero de la Torre.

“Al valorizar el pasado, uno se valoriza”, observa Zé Vieira, para relatar enseguida dos hechos históricos: ”¿Sabía que Salvador fue escenario de una de las mayores batallas navales registradas? ¿Y que Robinson Crusoe pasó por acá plantando caña?”

Originalidad, provocación y polémica


En Río Grande del Sur, el Premio Braskem en Escena se lleva a cabo hace dos años, en sociedad con el Porto Alegre en Escena, festival internacional de artes escénicas con 15 años de vida. Allí también son valorizados el trabajo original, la investigación de nuevas expresiones, las puestas en escena provocativas, las discusiones polémicas.

La obra vencedora de la edición 2007 del Premio Braskem en Escena, por ejemplo, señala toda la fuerza creativa del grupo Ói Nóis Aquí Traveiz, fundado en 1978 y que hace 25 años mantiene una escuela de teatro popular, que ofrece talleres gratuitos y abiertos a la población. El espectáculo A Missão, Lembrança de uma Revolução, una creación colectiva sobre el texto del dramaturgo alemán Heiner Muller, fue presentado en octubre en São Paulo y regresó a Porto Alegre en noviembre. Muestra cómo três revolucionarios franceses –un negro, un campesino y el hijo de un estanciero- se comportan frente la misión recibida, de fomentar una rebelión en Jamaica.

Los 25 actores en escena que integran el grupo prefieren ser llamados “Actuantes”, em alusión al envolvimiento colectivo en la creación de los espectáculos. “Nosotros nos auto-titulamos ´tribo de actuantes`, que sería la fusión entre actor y activista político. Todo el mundo construye máscaras, cose, pega, hace figurinos, dirige. Ese es nuestro diferencial”, explica Tânia Farias, 33 años, una de las coordinadoras pedagógicas de la escuela e integrante del conjunto.

El Ói Nóis Aquí Traveiz ve el teatro como acontecimiento, celebración donde actores y públicos vivencian juntos el espectáculo. “En cada presentación transformamos un espacio, una caja vacía. No tenemos palco italiano, pero ambientes que el público recorre”, afirma Tânia.

Esa experiencia para pocos se inscribe en el Teatro de Vivencia que el grupo practica. Pero desarrolla también investigaciones de teatro de la calle para públicos que varían de 500 a 2 mil personas. “Ello refleja nuestro compromiso político con el teatro, para que él pueda plantar una semilla de duda en el ser humano, pues creemos en su capacidad de transformación”, argumenta.

Los participantes ven el premio como un aliento, un reconocimiento a un trabajo árduo “en un país tan carente de políticas públicas para el teatro”. El grupo aguarda en el momento la puesta en escena del espectáculo en Salvador, cuya financiación es parte del premio concedido por Braskem en Escena. “Estamos ansiosos”, afirma la pensadora del Ói Nós Aquí Traveiz.