Perfil

Un mundo arrebatador y desafiante

La ciudadana peruana Diana Ortiz asume un compromiso en Angola, momento decisivo vivido por Odebrecht en su actuación global

texto: Júlio César Soares
foto: João Marcelo de Souza

Al recibir la propuesta de trasladarse de Perú hacia Angola, para asumir el área de Personas, Diana Ortiz, 37 años, casada y madre de dos hijos (uno de 6 años y otro de 8) estaba aprehensiva. “No formaba parte de mis planes a corto plazo salir de Perú. Yo me sentía motivada, estimulada, y muy feliz, pero no quería acomodarme. Al principio me inquietó, pero en septiembre fui a Angola para conocer la realidad y me encantó el desafío que tendría por delante”.

El cambio es una constante en la vida de Diana. Nacida en Piura, en el norte de Perú, a 1.000 Km. de Lima, vivió en Honduras, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua, México, Colombia y Ecuador. El motivo: el padre, ingeniero agrónomo e hidráulico de una exportadora frutera norteamericana, era encargado del control de obras de riego y dragado y haciendas en los países en que actuaba la empresa. “Mis padres se casaron dos años antes de que yo naciera y se mudaron de país; y una vez al año regresaban a Perú. Desde entonces, viví en diversos países. En un año, llegué a estudiar en tres”, comenta.

Diana se enteró de la existencia de Odebrecht en 1994, en Ecuador. Estaba cursando el cuarto año de Ingeniería Civil en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. “Empecé en Odebrecht como Joven Asociada en el Proyecto de Riego Trasvase Daule-Santa Elena. Desde el primer momento viví la experiencia como un gran desafío, sobre todo por asumir responsabilidades en el programa de Producción. En aquella época, la opción para ingenieras, de un modo general, no era volcada en el trabajo en el campo. Me fascinó el ambiente del contrato. Trabajar directamente en la obra fue emocionante. Aprendí mucho con los maestros y el personal de campo”.

Un mes antes de ingresar a la Constructora, falleció su padre. “Él estaba conmigo cuando llené la ficha de inscripción en el Proyecto Joven Asociado. Su muerte ha sido una de las experiencias más difíciles de mi vida”.

En 1997, fue invitada para trabajar en Perú, en las obras ambientales del Proyecto Chavimochic. Por primera vez pasaría más de un año en el país donde nació.

Diana siguió desempeñando actividades en Perú e ingresó en el programa Comercial. En el 2000, se fue a Bolivia, a trabajar en el área Administrativa en la reapertura de la oficina de Odebrecht en La Paz. En el 2001, volvió a Lima, para actuar en la oficina central de la empresa, también en el programa Administrativo.

En el 2005, la trayectoria de Diana siguió un nuevo rumbo, un cambio que marcaría el inicio de una nueva etapa en su desarrollo: asumió el programa de Personas en Perú.

El aprendizaje obtenido en las áreas de Producción, Comercial y Administrativa contribuyó mucho en el desarrollo de personas. “La experiencia que logré en esa área en Perú fue espectacular, por el líder, por el equipo y por todo el aprendizaje”.

Diana está preparada para el nuevo cambio. “Mi infancia agitada y la convivencia con distintos medios culturales han resultado en una gran capacidad de adaptación”. Los hijos se están acostumbrando al nuevo país. “Para los niños, es una aventura. Están asimilando el ambiente en Angola y poco a poco van conociendo el idioma, la cultura y las costumbres”.

Independientemente de donde esté, Diana preserva el valor de la familia, cuyo apoyo, enfatiza, ha sido fundamental. “Tratamos de aprovechar plenamente esta nueva experiencia, que nos enriquecerá como familia y como personas”. Sobre el nuevo desafío, observa: “Me siento estimulada a contribuir para el crecimiento de nuestra actuación en el país y, sobre todo, para el desarrollo de los integrantes angoleños, participando de la inversión estructurada y calificada de Odebrecht en su formación y su seguimiento”.