Sostenibilidad

Opción natural

Jorge Suzuki fue uno de los primeros clientes de Braskem que compró polietileno verde

texto: Luciana Moglia
foto: Mathias Cramer

La sostenibilidad y la innovación son una presencia constante en la trayectoria del empresario Jorge Suzuki. Propietario de Acinplas, líder nacional de la transformación de envases plásticos para frutas y verduras utilizadas en las redes minoristas, fue uno de los primeros clientes de Braskem a firmar contrato de compra de polietileno verde, resina producida con etanol de la caña de azúcar, materia prima un 100% renovable. La Acinplas administra a Suzuki, Koba, Voti, Plasa y Tashiro&Takata, ubicadas en Estância Velha Ivoti, Dois Irmãos y Sapiranga (ciudades del interior de Río Grande del Sur) y en Uruguay, respectivamente. Sus unidades transforman 12 mil ton. /año de polietileno, lo que representa cerca de un 50 por ciento del mercado de ese producto en Brasil.

El desecho de materia prima de las unidades de Acinplas y de las empresas vecinas es transformado en madera plástica. La empresa desarrolló una extrusora capaz de reciclar plástico sucio y húmedo a un costo relativamente bajo. La actividad no tiene fin comercial. El producto es donado para la producción de ítems como tarros de basura, floreros y bancos de plaza. “Queremos baratear más aún el proceso, de modo a contribuir para encontrar soluciones en lo que se refiere al descarte correcto del plástico y para generar renta para las clases desfavorecidas. Esa transformación permitirá una actividad profesional más segura”, afirma Jorge Suzuki.

Casado y padre de dos hijas, Suzuki es hijo de japoneses. Nació en 1949, en Uruguay, país elegido por sus abuelos, provenientes del Japón hace cerca de 100 años, que se dedicaron a producir y comercializar flores. A los 19 años, él y un primo decidieron cultivar claveles en Río Grande del Sur, donde no había producción de esa flor. Juntos, compraron unas tierras en Estância Velha, donde está instalada la primera fábrica de la empresa.

Un amigo de infancia influenció a Suzuki a entrar en el negocio del plástico. “Era una actividad nueva. La venta de flores financió la compra inicial de materia prima para transformación de envases para frutas y verduras. La tecnología de producción era manual”. A los sesenta años de edad y hace treinta y cinco vinculado a la industria de transformación plástica, Suzuki resume en una palabra su mayor valor en el mundo empresarial: persistencia. Ese es su principal triunfo para dar proseguimiento al proyecto que por lo menos puede solucionar parte del problema del desecho plástico. El empresario está convencido de que las actividades sociales volcadas en la preservación del medio ambiente van a asegurar un futuro de calidad para las generaciones venideras. “La sociedad está preocupada con el tema. Vamos a alcanzar la sostenibilidad”.