Reserva do Paiva

Encanto y perspectivas

En el litoral de Pernambuco, proyecto inmobiliario permite el desarrollo socioeconómico y la preservación del medio ambiente

texto: Humberto Werneck
fotos: Almir Bindilatti

Talleres de artesanía, vivero de plantas, capacitación de pescadores: por más sorprendente que parezca, estas son algunas de las primeras realizaciones del Proyecto Reserva do Paiva, que Odebrecht Realizações Imobiliárias (OR), asociada a los grupos Cornélio Brennand y Ricardo Brennand, ejecuta en el litoral de Cabo de Santo Agostinho, cerca de Recife, y que han sido ejecutadas antes de la conclusión de la primera etapa del proyecto: 66 residencias de alto lujo, que serán entregadas a partir de marzo del 2010, además del Puente do Paiva y la Vía Parque, primera Sociedad Público Privada viaria de Brasil.

No hay que asombrarse, explica el ingeniero Ruy Rêgo,Director de Inversiones de OR, que lideró la concepción de la Reserva do Paiva – un paraíso de 526 hectáreas, con 8,6 Km. de playas, 5 Km. de ríos y 500 hectáreas de Monte Atlántico, hasta ahora casi intocado. “La idea era hacer del proyecto”, explica Ruy, “también un inductor de desarrollo de su entorno”.

La sostenibilidad vino a ser, con eso, el eje principal del emprendimiento, y para implantarlo la primera etapa ha sido investigar las expectativas, prioridades y objetivos de la población, esfuerzo al cual se aliaron, además de Odebrecht, la Alcaldía de Cabo de Santo Agostinho y la International Trade Center (ITC), agencia de cooperación técnica de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Sebrae (Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas), la empresa Suape y las comunidades del entorno. La siguiente etapa fue un protocolo de intenciones firmado por el ITC con instituciones públicas y privadas para “promover el turismo sostenido y el comercio inclusivo”.

Se partió entonces para actividades concretas, a fin de generar trabajo y renta para las poblaciones vecinas. Fue creado, por ejemplo, un vivero donde, a fines del 2009, se producían 102 mil mudas de 110 variedades, en su mayoría provenientes del Monte Atlántico (como el palo–brasil) y de ecosistemas asociados: la restinga (caso del guajirú) y el manglar (sapotí del mangue). Están siendo utilizadas para la reforestación y paisajismo en la reserva y su entorno, pero son también vendidas, para que el vivero se autosostenga. En el comando de un equipo de 10 jardineros por él formados, el líder del vivero João Cândido Pereira asegura: “No utilizamos ni adobo mineral, solo tierra vegetal, fibra de coco y esterco de ganado bovino”. Entre las espécimenes, su planta preferida es el sapotí del manglar.

Otra iniciativa se destina a capacitar a los pescadores que viven del extractivismo y consiste en instalar tanques-redes en mar abierto para la pesca del beijupirá, con miras a generar trabajo y renta. Marcha también muy bien el esfuerzo para reaprovechar materiales que sobran de las obras. El proyecto Madeira de Ley asegura materia prima para talleres de ebanistería para menores de la Fundación de Atención Socioeducativa (Funase).

Por otro lado, el proyecto Papeles de la Vida estimula el aprovechamiento del cartón, donde aprendices de artesanos, la mayoría mujeres, lo transforman en móbiles, porta retratos, porta lapiceras, cesterías y flores, y ya se encuentran en venta en las ferias locales. “Las personas adquieren habilidades y, a la vez, desarrollan el sentido del trabajo en grupo”, observa la bióloga Ana Lúcia Leão, líder de sostenibilidad de la Reserva do Paiva.

“La gente no siente el pasar del tiempo”, afirma una de alumnas, Lizete Vargas. “Yo no sabía que con un pedazo de cartón podía hacer cosas tan bonitas”, afirma Maria José de Fátima da Silva Barros, líder comunitaria que integra el kilombo 11 Negras. Vera Lúcia da Silva Fernandes, madre y abuela, no solo se reveló una expert en confeccionar cesterías como trató de “contaminar” a su amiga Sandra Maria da Silva, que también quedó encantada. Pero la más entusiasmada es Maria de Lourdes Santos. “Ha sido una revolución en mi vida”, afirma con brillo en los ojos. “He descubierto lo bueno que es crear. Me pongo a pensar qué se puede hacer con cualquier residuo. Después que uno aprende las técnicas el cielo es el límite”.