Curso de Formación de Operadores Agrícolas y otras iniciativas de calificación abren perspectivas de vida y carrera para vecinos de los municipios en los cuales la ETH está presente
“Oí la publicidad en los parlantes del auto, por la calle, y me di cuenta que estaba en el empleo equivocado”, comenta Lucelma Binatti. “Necesitaba crecer”. La invitación abierta de ETH Bioenergía a las comunidades de Caçú y Cachoeira Alta, en Goiás, hizo que la técnica de enfermera Lucelma se inscribiese en un proceso selectivo y dejase, en diciembre del 2009, la actividad que había practicado durante casi 20 años en el Hospital Municipal de Caçú. Ella decidió integrarse al grupo de 40 alumnos del Curso de Formación de Operadores Agrícolas, una de las iniciativas de ETH volcadas en la formación profesional en sus municipios de actuación.
El programa ofrecido a Lucelma y sus compañeros tuvo duración de 500 horas de clases teóricas y prácticas y terminó en junio. De los 40 estudiantes que iniciaron el curso, 37 se han recibido y 34 ya operan en las cosechadoras de los cañaverales cerca de la Unidad Río Claro de la empresa. “El sector sucro energético se modernizó y crece demasiado rápido, pero siguen faltando trabajadores. Hay que capacitar a la comunidad”, explica Cláudia Ajbeszyc, Responsable de Desarrollo de Personas de ETH.
Un mes antes de la graduación del grupo, la historia se repite: la ETH anunció la apertura de otras 180 vacantes en siete grupos que totalizan más de 1.600 horas de clase. En este módulo, además de la población local, la invitación se ha extendido a los integrantes de la Unidad Río Claro. “Es importante ofrecer oportunidades de crecimiento adentro de la empresa y mostrar que los integrantes tienen una carrera. Hay que dar continuidad al crecimiento de esos profesionales”, resalta Cláudia.
Uilane Melo, de 22 años también aprovechó la oportunidad. Nacida en Mirangaba (Bahía), emigró, a principios de año, para Cachoeira Alta, con el esposo y el padre, que, cosecha tras cosecha, recorren Brasil en búsqueda de trabajo en el corte manual de caña de azúcar. Después de tres meses carpiendo el campo, ella fue seleccionada para una vacante en el Control de Tráfico, en el patio de Logística. En el mes siguiente, Uilane se inscribió y fue indicada para el Curso de Operadores Agrícolas. Luego volverá al campo, ahora en una cosechadora.
Las clases son impartidas en sociedad con el Senai (Servicio Nacional de Aprendizaje Industrial). En programas como ese, los estudiantes no aprenden solo a operar los equipamientos. “Ellos aprenden sobre piezas, motor, mecánica y la causa de cada problema que pueda venir a ocurrir”, aclara Edson Silva, alumno del grupo de Operador de Tractor. ¡”Hasta el que está operando hace mucho debería aprender todo eso!”
Cañero desde los 13 años, Edson abandonó el facón para capacitarse. “Después de 120 horas estudiando y entrenándose, no hay cómo no convertirse en un excelente operador. Me estoy dedicando tanto que voy a ser contratado antes que termine el curso”, apuesta.
Lucelma, Uilane y Edson tienen historias distintas, pero recorren el mismo camino. Impulsados por el coraje de cambiar sus vidas, han encontrado en los cañaverales la oportunidad que necesitaban para crecer.