10 de fevereiro de 2012
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ARGUMENTO POR EMÍLIO ODEBRECHT
Calificando a los socios y a la sustentabilidad empresarial
Está aumentando el número de empresas en desarrollo que pueden ser clasificadas cómo trasnacionales. Son grandes, competitivas y actúan globalmente porque han sobrevivido con productividad, asegurando liquidez y construyendo imagen. Han crecido por la capacidad de ser creativas, innovando y renovando; y su rumbo es la perpetuidad, sustentada por la generación y la reinversión de la riqueza que forma el patrimonio tangible y por la capacidad de preservar el intangible, que se expresa en sus principios, valores, creencias y en la calidad de su activo humano.

Ese movimiento está presente porque, además del protagonismo en un nuevo momento de la economía mundial, esas empresas tienen un papel importante a desempeñar, que genera frutos para ellas mismas y para sus países de origen.

Se trata del apoyo para la calificación y la inserción de las pymes en el mercado mundial.

En diversos países, las compañías globales están pasando por una era de expansión. Y pueden llevar a las más pequeñas al mismo rumbo, pues se complementan unas a otras. Si ya contamos con empresas “campeonas mundiales” es porque para ellas trabajan muchos emprendedores de pequeño porte, que apoyan y apuntalan ese crecimiento, en un círculo virtuoso.

La idea de que la gran empresa puede abusar de su poder es arcaica, propia de un capitalismo en extinción. La continuidad de las empresas globales brasileñas, donde quiera que estén operando, pasa por su capacidad de diseminar conocimiento, transferir tecnología y compartir sus éxitos con todos los demás agentes económicos. Una empresa grande que oprime o explota a las pequeñas, con una visión inmediatista, no comprende la cadena productiva que integra, cuyos eslabones no pueden estar en desequilibrio, porque si ello ocurre, pondrá en riesgo a todo el conjunto.

Las compañías globales dependen, para existir, de las más pequeñas, y viceversa, pero las industrias de pequeño porte cuentan con las mayores como la única oportunidad de internacionalizar sus operaciones, siguiéndolas.

Para que ello ocurra es fundamental que las compañías de gran porte no se consideren meras vendedoras de productos, sino empresas que agregan valor con la inserción de servicio en todos los relacionamientos de negocios y comparten experiencias, innovaciones y mejores prácticas, tanto entre sus proveedores como entre sus clientes.

En suma: promover el crecimiento sustentable de las pequeñas y micro empresas (pymes) asociadas es una responsabilidad moral de las grandes compañías –y obedece a su más estratégico interés.

Emílio Odebrecht, es Presidente del Consejo de Administración de Odebrecht S.A. Este artículo fue publicado en el periodico Folha de S. Paulo



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