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En cada momento conviven simultáneamente tres generaciones: la de los jóvenes, la de las personas maduras y la de los más ancianos.
A lo largo del tiempo, en la vida empresarial y en la familia, cada generación está situada entre las otras dos -una de la cual recibe el legado cultural y otra a la cual se lo transmite.
Cada generación representa un período distinto, una etapa, una parte definida e intransferible del tiempo histórico.
Solo juntas y en armonía pueden perseguir un RUMBO.
En la Organización Odebrecht, ese RUMBO es Sobrevivir, Crecer y Perpetuar.
La primera generación, formada por los más ancianos, se concentra en la transmisión de los valores y las experiencias capaces de perpetuar la cultura empresarial.
La segunda, de gente madura, en la plenitud de su fuerza creadora, da prioridad a las conquistas que conducen a la Organización a cumplir con su vocación de crecimiento, educando a la generación siguiente, que lidera y a la cual sirve de ejemplo.
Y la tercera, integrada por los más jóvenes, está volcada en aprender y alcanzar los resultados cotidianos que aseguran la supervivencia de las empresas.
A lo largo de la historia, cada generación agrega un aporte propio a la Organización Odebrecht y de algún modo la transforma.
Pero la coexistencia continua de tres generaciones de empresarios socios y sus equipos, esa convivencia productiva entre líderes y liderados, es lo que expresa mejor la articulación efectiva de nuestra trayectoria empresarial.
Es lo que sustenta nuestro RUMBO.
Es lo que nos permite vivir un presente formado por el pasado y proyectado hacia el futuro.
Un presente donde todos los tiempos se encuentran.
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